A María «La Cubana»
A María Pilar «Pitita» Servera y a Tomás Fortuny, compañeros de viajes y fatigas africanas.
El atardecer era bellísimo. El sol se iba escondiendo al otro lado del Chari, el gran río africano que alimenta el lago Chad, y se reflejaba en sus aguas dándoles un tono dorado. El tiempo parecía detenido; a miles de kilómetros de nuestras casas, en una sociedad tan diferente, era estar viviendo en un bello e inmóvil mundo paralelo. Había piraguas que cruzaban lentas el cauce. Pitita y yo estábamos tomando una cerveza «Gala» en la terraza sobre el río del exclusivo hotel Le Meridien, en Yamena, la hostil capital de la República de Chad, disfrutando de la quietud y paz de aquel atardecer africano.
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