LA MEMORIA DEL NÓMADA: GUATEMALA

Enfundado en un rudimentario chaleco salvavidas, con una linterna frontal en la cabeza, encaramado sobre un neumático circular con un tejido plástico rasposo como asiento, comienzo a flotar sobre las aguas terrosas, ha llovido mucho en los últimos días, del río Candelaria que se introduce en la gruta Venado Seco. La cueva es muy grande, sinuosa, con alguna abertura natural que ilumina débilmente pequeñas partes del trayecto estando en oscuridad completa el resto. Los guías son dos muchachos muy jóvenes que antes de comenzar nos indican que uno se irá delante y otro cerrará la marcha. Pero la corriente del río va dispersando el pequeño grupo que inicialmente asumimos obedientes el compromiso del orden y en un par de centenares de metros la completa oscuridad se llena de pequeños puntos de luz que vagan errantes por el interior de la gruta. Risas, gritos, chapoteos…tardaremos horas en alcanzar la salida disfrutando de una divertida experiencia.

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TRES HISTORIAS AFRICANAS

A Cuca (in memoriam) y Consuelo,

compañeras en aquél viaje.

Vieja, cansada, con un peso brutal en mis espaldas.

Mírame: arrugas, surcos profundos sobre mi piel de pergamino que deforman antiguas cicatrices,  dolorosas heridas sangrantes repartidas por todo mi cuerpo.

Tengo una larga memoria de sufrimiento infinito, de conductas inicuas, de cruel brutalidad. He sido acosada, explotada, pervertida, violada, maltratada, herida, torturada, rota. Gentes extrañas expoliaron mis riquezas, socavaron lo más hermoso de mi casa. Asesinaron mis sueños.

Así quedé tendida, sola, en una agonía lenta y prolongada.

Como una enfermedad hereditaria y maldita, todo este sufrimiento se ha extendido a mis hijos que huyen de su casa odiando el color de sus paredes  y mueren buscando con envidia el engañoso horizonte.

A pesar de que estoy llena de belleza, de colores, culturas, lenguas, de hermosos rostros diferentes y me protegen decenas de dioses que cuidan mi extensión y mi futuro.

Pero no seré dichosa, no estaré completa,  hasta que el último de mis hijos viva feliz acunado en mis brazos. Hasta entonces, como una nueva Penélope, seguiré tejiendo la red invisible de caminos forjados sobre la esperanza del regreso de la libertad.

Tengo tiempo.

Me llamo África, soy eterna.

CASA RURAL. CHAD

LA HISTORIA DE MADJI, SARÁ-KABÁ

Llegaron al hospital cuando comenzaba a anochecer. El niño más pequeño iba en brazos de su padre, un hombre menudo, delgado, de brazos y piernas fibrosas; con ellos, una muchacha muy joven y un crío no mayor que ella.

Unas horas después el pequeño, enfermo de paludismo, se había estabilizado. Era ya noche cerrada cuando salí a dar a su padre las buenas noticias. Las recibió impasible, con un rostro hierático que no tradujo ninguna emoción. Los niños dormían, agotados después de haber caminado más de 40 km desde su aldea.

Sin pedírselo llenó dos vasos de té y me tendió uno. Hubo un largo silencio que, de manera inesperada, él rompió con una voz monótona, en un francés africano cadencioso.

«Hace tres años caminé con mi familia desde mi pueblo a las minas de diamantes de la República Centroafricana. Fue un largo viaje. Allí  podía ganar dinero para comprar un poco de tierra, un buey, unas cabras. Conseguí trabajo. Cuando pagaban, el dinero lo escondía en uno de los tubos de la vieja bicicleta. Cuando tuve suficiente volvimos a Chad. Dos meses de camino en el que mi mujer  y dos de mis hijos murieron. Llegué a mi pueblo. Cuando fui a recuperar el dinero sólo encontré trozos de papel; equivocado, había metido los billetes en el tubo que acaba en los pedales. El eje, al moverse, los fue triturando. Perdí todo. Así es la vida. Pero soy sará-kabá, debo seguir adelante».

El té, como la historia de Madji, era áspero y amargo.

Había un cielo bellísimo, intensamente negro cruzado por la Vía Láctea y  millones de estrellas que jamás se ven allá de donde vengo.

Unos días después volvieron a su aldea para seguir viviendo como siempre.

Vacíos de sueños pero llenos de dignidad.

MUJERES DE LA ALDEA DE TATEMÖE.CHAD

EL CAMPO DE SORGO

Azra mojaba pequeños fragmentos de la boule en la salsa de pescado seco que su mujer había colocado en la puerta de su cabaña. El sol se estaba escondiendo y el cielo adquiría un tono anaranjado. Estaba satisfecho, el campo de sorgo estaba a punto de cosecha; sería la despensa para este año aciago en el que una lluvia excesiva había arruinado los campos de cacahuetes y los tratamientos para las crisis de malaria de tres de sus cuatro hijos habían acabado con el poco dinero que Keti había conseguido recogiendo  leña para venderla en el mercado.

Lo despertaron los gritos de sus vecinos. Comenzaba el alba.

Salieron corriendo hacia los campos; miles de bueyes habían arrasado la cosecha, no quedaba ni una caña de sorgo en pie. Tres árabes nómadas a caballo dirigían aquel gigantesco rebaño. Arcos, flechas, lanzas, algún largo machete y una vieja escopeta.

No pudieron hacer nada.

El subprefecto los recibió después de hacerles esperar muchas horas. Ellos le explicaron, él calló. Después de un largo silencio hizo un gesto con la mano y ellos se marcharon.

Caminaron tres horas por la senda arenosa para volver a su aldea.

REBAÑO DE BUEYES. CHAD

UNA NOCHE EN KUYAKO

Se hizo la noche en aquél dispensario perdido en la nada. El día había sido largo: controles de embarazadas, peso de niños, muchos pacientes en la consulta. No era recomendable regresar conduciendo entre la oscuridad por las pistas arenosas.

Dormimos en una cabaña junto al recinto sanitario.

Golpearon la puerta en la madrugada. Traían una mujer muy joven en pleno parto.

La tenebrosa luz de faroles de petróleo y linternas nos permitió ver unos genitales deformados por grandes  cicatrices y el comienzo de una vagina muy estrecha; todo consecuencia de una ablación brutal.

Hubo que hacer una episiotomía muy extensa, pero no fue eficaz.

En un cajón localizamos una ventosa manual neumática. No succionaba bien, se perdía el vacío por las grietas en el tubo de caucho  deteriorado por el tiempo.

Al final, después de muchas horas llenas de angustia, el niño nació sano y vigoroso.

La madre aguantó todo su sufrimiento sin una sola queja.

Amaneció otro día luminoso.

A pesar de todo.

ALDEA. CHAD

Nota: Las historias descritas corresponden a hechos reales.

© Javier Pardo Berdún 2021

LA PLAYA, LA MUJER Y EL PERRO

A Marta, con deseo de consuelo y esperanza.

Un viento inclemente eriza el mar y mueve la arena de la playa. Entre pequeñas nubes de polvo, entre ráfagas de aire apresurado, la mujer se inclina sobre el suelo. Es el mejor momento para recoger ojos de Santa Lucía, esos pequeños óvalos con el dibujo espiral en una de sus caras que dicen otorgan amor y felicidad a quien los posee, casi escondidos entre la arena.

Pasea cerca de la orilla en la playa solitaria; paso lento, hombros caídos, cabeza inclinada. Junto a ella, un pequeño perro entretenido en olfatear aquí y allá.

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JACOBO: EL ÚLTIMO ACTO

                                                                           A Jacobo, que ya es luz.

                            «Los dioses habían puesto a prueba al hombre, hasta que solo quedó el último hombre con su perro. En la cumbre de la montaña sagrada le esperaba el dios guardián de la puerta del cielo, que le dijo que había superado las pruebas y le dejó pasar. El hombre cogió a su perro, pero el dios gritó: Tú puedes pasar pero no tu perro, ningún ser inferior accede al cielo. El hombre respondió: No puedo abandonar a nadie que me ama. Abrazó a su can y ambos se acurrucaron esperando su final. Esto despertó la compasión de los dioses y, desde entonces, consideraron a los hombres superiores a los ángeles, pues los ángeles vivían y amaban, pero los hombres vivían, amaban, sufrían y morían»

                                                                  Majabhárata

Aquél día, hace tres años, hicimos juntos la travesía entre Formigal y Escarrilla y a mitad de camino subimos al Pacino. Fue un día luminoso, soleado. Tú ibas siempre delante, subiendo y bajando; yo te miraba admirando tu fuerza, tu caminar  ágil y elegante, tu sentido del equilibrio, de la orientación. Desde la cima hablamos de las montañas que se veían desde aquella prodigiosa atalaya: querías subirlas, todas a ser posible, y hacías planes para el futuro inmediato, para el de medio y largo plazo.

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LA MEMORIA DEL NÓMADA. TSUKIJI: EL MAYOR MERCADO DE PESCADO DEL MUNDO

Llegué a Tokio al atardecer,  después de ver el monte Fuji en en el horizonte del paisaje, y confieso que sentí cierto agobio al entrar en esta grandísima ciudad en la que viven apelmazados más de 12 millones de personas. Al otro lado de la ventana aparecían grandes avenidas, calles lineales, espacios verdes,  vehículos circulando en calzadas de aspecto futurista, situadas a varios niveles unas sobre las otras, y edificios apiñados con aspecto de enormes colmenas.

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LA MEMORIA DEL NÓMADA: EL BOSQUE DE BAMBÚ DE SAGANO, DONDE EL VIENTO HABLA.

Cientos, miles de troncos de bambú, chocando entre sí, agitados por el viento, producen una canción de sonidos huecos. Arriba, muy arriba, los penachos verdes, las hojas encumbradas a más de veinte metros de altura, ponen otras notas musicales a la sinfonía. El sonido es tan especial que figura entre los «cien sonidos a preservar en Japón» Es el sonido del bosque de bambú de Sagano, en Arashiyama, muy cerca de Kyoto.

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LA MEMORIA DEL NOMADA: JAPONESES

Sólo hay que mirar un mapamundi, un globo terráqueo, para ver lo alejado que está Japón de España. Por la derecha, por la izquierda, por arriba o por abajo…por donde quiera que se mire se comprueba que es cierta la letra de la canción «Japón» de los divertidos «No me pises que llevo chanclas»: El Japón, mira que está lejos Japón…

Estando tan alejados, con un origen y una historia tan diferente a la nuestra, el choque vivencial y cultural se supone que es importante tras la inmersión en esta sociedad,  tan distinta en muchas cosas pero sorprendentemente cercana en otras.

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LA MEMORIA DEL NÓMADA: BIRMANIA (y IV)

«Ningún hombre es tan tonto para desear la guerra y no la paz, porque en la paz los hijos llevan a sus padres a la tumba y en la guerra son los padres quienes llevan a sus hijos a la tumba»

Herodoto

El pueblo birmano está contento. Las elecciones han sido ganadas por el LND, la Liga Nacional para la Democracia, con Aung San Suu Kyi como cabeza visible, «La Dama» como es conocida por aquí.Sin embargo, una cuarta parte de los escaños del parlamento están reservados por la constitución para los militares, ellos la redactaron,  y no puede ser presidente de la nación cualquier birmano que esté casado con un extranjero o que tenga hijos nacidos en otro país. La Dama estuvo casada, enviudó, con un británico y tiene dos hijos de la misma nacionalidad.

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LA MEMORIA DEL NÓMADA: BIRMANIA (III)

«Nuestro destino de viaje nunca es un lugar sino una nueva forma de ver las cosas»

Henri Miller

Hay un momento en los viajes en el que las amarras que te sujetan al origen se rompen, se diluyen,  y entonces el viajero se sumerge en una nueva realidad, como si viviera en un mundo paralelo oscureciendo, dejando dormido el otro. El pasado queda suspendido en el aire, sólo el presente, el nuevo presente, existe. Ese es el momento clave, cuando el viaje se convierte en la única realidad del viajero y eso lo diferencia de las vivencias del visitante, del turista.

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LA MEMORIA DEL NÓMADA: BIRMANIA (II)

«No vaciles nunca en irte lejos, más allá de todos los mares, de todas las fronteras, de todos los países, de todas las creencias»

Amin Maaluf

Me gusta más el término «Birmania» que el de Myanmar. El primero está anclado a mi niñez cuando devoraba los comics, les llamábamos entonces «tebeos»,  de «Hazañas Bélicas». De vez en cuando los intrépidos soldados, mal afeitados, con el eterno cigarrillo colgado de los labios que no se quitaban ni siquiera cuando caían heridos, situaban sus acciones victoriosas por las junglas de Birmania persiguiendo, o siendo acosados, por los pérfidos japoneses.

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