LA CARTA DE MANOLO

Manolo Fortuny es un sacerdote jesuita que desde hace muchos años, más de 20, vive en Kyabé, en el profundo sur de la República de Chad, cerca de la frontera con la República Centroafricana.

Chad se sitúa en el cinturón del Sahel, entre

Libia y el Sahara en el norte, Nigeria, Niger y Camerún en el oeste, Sudán en el este y la República Centroafricana en el sur. La inmensa mayoría de sus aproximadamente 10 millones de habitantes residen en zonas rurales del sur del país; la gran parte de la extensión chadiana es desértica.

Manolo vivió en Zaragoza, formó parte de aquellos “curas rojos” que vivían de su trabajo como obreros en fábricas y empleos diversos y ejercían su ministerio sacerdotal en barriadas humildes, trasmitiendo su mensaje religioso con su ejemplo vital y compartiendo su existencia en condiciones similares a sus vecinos.

Pasaron los años, dejó Zaragoza y marchó a África a convivir con otros seres a los que el azar del nacimiento les deparó la miseria más absoluta. Desde entonces sigue allí, más mayor y con salud precaria pero con la energía que le aporta creer firmemente en lo que hace y dice, en una labor de convivencia con los desheredados de la tierra que dignifica a esta parte de la Iglesia Católica que nada tiene que ver con la otra parte más oficial y mucho menos evangélica.

Desde hace mucho tiempo envía periódicamente una carta a decenas de familiares, amigos, conocidos e instituciones, en la que nos relata sus vivencias y en las que refleja con descripciones muy elocuentes, cómo es la vida en aquél mundo tan distinto.

Los que hemos estado en alguna ocasión por allí, y en otros países similares, cuando comenzó la alarma mundial por el Covid19 inmediatamente pensamos en la gravísimas consecuencias que tendría la expansión del contagio en esas sociedades en las no existen sistemas sanitarios mínimamente desarrollados, en las que la miseria de la inmensa mayoría es la norma general, en las que apenas existen registros fiables de salud, en las que las costumbres sociales, tribales, étnicas, en muchos casos van a ir en contra de las medidas de comportamiento que pueden cortar la progresión de la enfermedad.

Recibimos hoy la carta de Manolo y sus dudas y certezas van en la línea de nuestros temores y sospechas:

“…Desde hace dos semanas, el gobierno está lanzando una campaña informativa que llega a las ciudades a través de la televisión pero que no llega a los pueblos. A nosotros nos llega a través de la tele, y a través de internet. Esta información apenas compartida con la gente de a pie hace que me sienta viviendo como en una pesadilla, de la que despierto a ratos y pienso que no es posible que llegue lo que nos anuncian por la entrada del virus que tantos estragos ha hecho entre vosotros y que aquí no se portará mejor por la pobreza inmensa de medios que tenemos para hacerle frente, y porque todas las medidas que nos proponen son medidas sencillas pero imposibles de asumir pues son contraculturales. Hemos comenzado a hacer algo, pero resulta muy violento para la gente el no saludar dando la mano. Los niños a partir de los dos años levantan la manita para saludarte. ¿Cómo conseguir abandonar la tradición multisecular de la comida que siempre se sirve en dos recipientes, uno el de la boule y el otro el de la salsa, donde cada uno de los comensales (siempre con la presencia de alguien de fuera de la familia) sumerge su pellizco de pasta antes de llevárselo a la boca?…”

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BOULE: MASA DE AGUA Y HARINA DE SORGO O MIJO QUE SE MOJA EN SALSAS, GENERALMENTE DE VEGETALES, PESCADO SECO O POLLO. COMIDA TRADICIONAL EN CHAD.

Para nuestra manera de vivir, para nuestra sociedad tan “desarrollada” son difícilmente tolerables las medidas de aislamiento, las decisiones de parar los sistemas productivos, de asumir las cifras de contagiados, enfermos y fallecidos. Contamos con un sistema sanitario que, a pesar de las críticas actuales, a pesar de las deficiencias, no puede equipararse a los de estas oscuras partes del mundo, por la sencilla razón de que o no existen o son tan débiles que no van a ofrecer ningún tipo de respuesta en esta pandemia.

“…Si nos llega el virus, ¿cómo vivir el confinamiento en las familias de Kyabé, en cuyos barrios están siempre retozando revueltos los niños, y más ahora con las escuelas cerradas por orden gubernativa? Nuestras casitas de barro y paja no tienen ni ventana ni balcones. La casa rural chadiana es una estancia sombría donde entras durante el día a buscar o dejar algo y donde entras de noche para dormir. Nunca es un lugar donde puedas reunirte en familia para hablar, eso se hace a la sombra del árbol más cercano. ¿Cómo conseguir que en la vida social la gente observe lo de mantenerse a un metro de distancia cuando se está con un continuo roce de cuerpos? Cuando te invitan a tomar un té, un pequeño banco de tres plazas se convierte poco a poco en uno de 6 plazas, que refleja mejor la experiencia del gozo compartido.

Y si finalmente llega el virus, ¿cómo conseguir que la gente no acuda masivamente a los actos fúnebres que se prolongan durante varios días? Y ya lo imposible de conseguir es que los cadáveres sean incinerados: “Eso se hace solamente con los perros”…”

Todos los sistemas sanitarios del mundo “desarrollado” se resienten con dificultad ante este test de resistencia al que la expansión del Covid19 les ha sometido. Asombrosamente, fuera de críticas oportunistas y despiadadas, todos los países han tenido problemas con la cantidad de máquinas sofisticadas, dispositivos de protección y número de personal sanitario. Todos los que critican ferozmente a nuestro sistema sanitario público están viendo con pasmo que los grandes países están teniendo problemas similares, e incluso mayores, a los de España.

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CASAS TRADICIONALES EN LAS ALDEAS DE CHAD

En otros lugares, en ese sur profundo, las cosas son mucho peores.

“…Las autoridades sanitarias saben que no tienen medios de hospitalización si entra el virus masivamente y por tanto, todo el esfuerzo se está poniendo en el control de las entradas y los desplazamientos. En este momento hay toque de queda en 5 ciudades del país, comprendida la capital por supuesto.

Nuestro nuevo Provincial de la PAO (Provincia de Àfrica Occidental) que abarca 14 países africanos nos acaba de mandar una carta para prepararnos a la recepción del virus. Los datos y recomendaciones que propone, desde el área rural en la que trabajamos, me resultaban anoche escalofriantes. No voy a entrar en detalles, pero son los mismos que tenéis vosotros en los confinamientos más severos…

… Estamos a 100 km de Sarh: ¿tendremos que preparar una buena reserva de alimentos no perecederos, para evitar que nuestra querida cocinera mamá Kétema de 63 años no tenga que ir al mercado cada día? ¿Será posible conseguir que Kétema use la mascarilla mientras esté en la cocina y cuando vaya al mercado? El patio de nuestra casa, donde todo el mundo ha venido siempre que ha tenido una necesidad, si llega la epidemia ¿tendrá que ser en adelante un lugar de acceso restringido? Pero lo más importante para mí, si llega la epidemia, es con qué espíritu, con qué talante debemos permanecer y estar donde estamos. Quisiera mantener el equilibrio que ahora deseo tener entre la salvaguarda de las medidas personales recomendadas por las autoridades sanitarias, y el espíritu abierto a las acciones de servicio que se puedan realizar en favor de la gente…”

Esto que trasmite Manolo desde Chad es extrapolable a las naciones de la zona, es decir, a casi todo el continente africano; pero también a parte del extremo oriente con menos recursos y organización que China, y a muchos países de Latinoamérica en los que el Covid19 ya ha empezado a golpear con fuerza.

En el caso de África, sobre todo en la zona Subsahariana, el Covid19 se va a unir la las tres plagas que perennemente afectan a sus pobladores: malaria, tuberculosis y SIDA. El virus se va a encontrar con una buena parte de la población desnutrida e inmunodeprimida, sin acceso suficiente a agua limpia, con una importante frecuencia de enfermedades intestinales y respiratorias, que no va a poder contar con un sistema sanitario que responda; no existe un número de sanitarios mínimo y el presupuesto que sus gobiernos destinan a la sanidad es de insignificante a nulo. También el comercio se resentirá, los escasos países que mostraban un cierto avance tendrán ahora sendos retrocesos.

De esta casi plaga bíblica saldremos más o menos heridos, el grado estará determinado por la solidez y coherencia social, por el nivel de respuesta de los sistemas sanitarios públicos y la ayuda solidaria entre naciones. Con mayor o menor dificultad encontraremos la puerta de salida.

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CASA TRADICIONAL

Lo necesario, entonces, será detenernos y pensar; porque en esta importante prueba de esfuerzo a la que nos ha sometido la pandemia hay muchos criterios, instituciones y mecanismos sociales que se han mostrado fallidos y que habrá que cambiar.

Las crisis ofrecen oportunidades de crecimiento, si se saben aprovechar.

Pero en estos países sin una buena estructura social, sin pactos en organizaciones solidarias, sin sistemas sanitarios eficaces, la pandemia pasará como un huracán brutal y salvo algún milagro diezmará su población. Si no hay un gran intento internacional de ayuda será muy difícil que las consecuencias no sean tan letales.

Pero por lo visto en Europa, las actitudes de los gobiernos poderosos que han hecho la insolidaridad como norma en un sálvese el que pueda tan inconsciente como estúpido, no puede esperarse que alguien se ocupe de los más débiles.

Malos, terribles tiempos, de nuevo, para los más olvidados.

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NIÑO DE KIABE, CHAD

© (texto y fotos) CHUAN ORUS 2020

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