PERRO CALLEJERO

Aunque fue de todos, nunca tuvo dueño
que condicionara su razón de ser.
Libre como el viento era nuestro perro,
nuestro y de la calle que lo vio nacer.

                            CALLEJERO

                            Alberto Cortez

Apareció un día cualquiera, nadie podría decir una fecha concreta. Le habían cortado las orejas y el rabo recientemente, los tres apéndices eran muñones sangrantes. Era un perro mestizo, muy flaco, que caminaba encogido, con el lomo arqueado, mirando a los lados con unos ojos tristes y acuosos. Se tumbó en un rincón aislado, en una zona protegida por unos arbustos y allí se quedó.

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JACOBO: EL ÚLTIMO ACTO

                                                                           A Jacobo, que ya es luz.

                            «Los dioses habían puesto a prueba al hombre, hasta que solo quedó el último hombre con su perro. En la cumbre de la montaña sagrada le esperaba el dios guardián de la puerta del cielo, que le dijo que había superado las pruebas y le dejó pasar. El hombre cogió a su perro, pero el dios gritó: Tú puedes pasar pero no tu perro, ningún ser inferior accede al cielo. El hombre respondió: No puedo abandonar a nadie que me ama. Abrazó a su can y ambos se acurrucaron esperando su final. Esto despertó la compasión de los dioses y, desde entonces, consideraron a los hombres superiores a los ángeles, pues los ángeles vivían y amaban, pero los hombres vivían, amaban, sufrían y morían»

                                                                  Majabhárata

Aquél día, hace tres años, hicimos juntos la travesía entre Formigal y Escarrilla y a mitad de camino subimos al Pacino. Fue un día luminoso, soleado. Tú ibas siempre delante, subiendo y bajando; yo te miraba admirando tu fuerza, tu caminar  ágil y elegante, tu sentido del equilibrio, de la orientación. Desde la cima hablamos de las montañas que se veían desde aquella prodigiosa atalaya: querías subirlas, todas a ser posible, y hacías planes para el futuro inmediato, para el de medio y largo plazo.

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EL DIARIO DE MAQROLL: ABRAZAR A UN ÁRBOL

A Mamen

Por motivos que no importan ni aquí vienen al caso dejé de ir a una casa en un bello pueblo pirenáico. No era mía pero allí pasé muchos años.

Tenía un pequeño jardín, un espacio verde que yo cuidaba con dedicación y placer, en el que habían plantado cinco árboles: dos tuyas doradas, dos olmos y un gran abeto.

Durante todo ese tiempo en el que mi vida Sigue leyendo

QUE LA TIERRA TE SEA LEVE

A Tere,

In memoriam.

I

Me envuelve la noche en mi madriguera, allá donde mi búsqueda de paz se rodea de libros y recuerdos, de papeles escritos del todo o a medio escribir, de pequeños objetos traídos de decenas de países en esa vocación de Diógenes que habita mi espíritu y que aquí puedo almacenar para sentirme acompañado

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