CRONICA DESDE IRAN (III): DESIERTOS, JARDINES Y CERVEZA SIN ALCOHOL

Hacia el suroeste de Irán, en dirección a la frontera con Afganistán, se llega al desierto de Lut, uno de los más inhóspitos del mundo y paso de cargamentos del opio afgano con el curioso y cruel método de grupos de camellos

a los que para ese propósito se les ha hecho adictos a los opiáceos y educados en el reflejo condicionado de que recibirán su dosis cuando lleguen a un punto determinado que han aprendido. De esta manera grupos de estos animales cargados de opio atraviesan, sin necesidad de nadie que los dirija, este letal desierto. Si son capturados por ejército o policía lo único que se pierde es el cargamento. Dicen que de este método surgió el término “camello” para denominar al vendedor de drogas…no sé si es cierto pero sí apropiado.

En las carreteras que llevan hasta la frontera afgana hay numerosos controles de la policía con perros entrenados para detectar los cargamentos de drogas. Aquí en Irán su tráfico se castiga con pena de muerte y los tribunales suelen ser poco clementes.

Irán es un país en el que los movimientos sísmicos son frecuentes. Por una parte la actividad volcánica, el cinturón de fuego euroasiático pasa por el norte. Por otra, Irán asienta sobre una gran placa que termina en una falla muy activa que coincide con las cordilleras de Himmalaya, Karakorum, Pamir y Elburz. El terremoto de Iran en 2003 ocasionó más de 30.000 muertos y destruyó más del 80% de las construcciones.

Hoy estamos en esa zona pero afortunadamente la tierra no tiembla cuando llegamos a la fortaleza de Rayen después de que el perro de la policía no haya puesto ninguna objeción a que sigamos nuestro camino.

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FORTALEZA DE RAYEN (FOTO J.P.B.)

Esta gran fortaleza está totalmente construida con adobe. Barro y paja, a veces mezclados con grasa o excrementos de animales. Un material de construcción barato y sólido, de tal manera que Rayen fue construida hace más de 1500 años, habitada hasta 1.850 y gran parte de su estructura sigue en pie. Todo un pueblo en su interior con partes diversas, diferenciadas, para los distintos estamentos sociales que allí vivían al mando de un gobernador y protegidos por soldados. Todos los gremios necesarios para los servicios de una comunidad tenían allí su ubicación. Fuera de la muralla un antiguo recinto en el que se aislaba, en cuarentena para comprobar su salud, a las personas que solicitaban residir en el interior. Como fondo del paisaje una alta montaña de 4.420 m, el monte Kuh-e Hezar.

En un país con grandes espacios desérticos surgen con frecuencia frondosos jardines y cultivos en zonas en las que no se ve rio alguno. El ingenio de los antiguos persas hizo desarrollar un sistema de captación y transporte de aguas subterráneas desde las altas montañas, los qanats.

Hace más de 2500 años los antiguos persas diseñaron un sistema muy ingenioso y útil para extraer y canalizar agua por túneles subterráneos aprovechando las pendientes de las laderas montañosas. Irán es un país con grandes extensiones desérticas y también con numerosas y grandes montañas en las que tanto por las lluvias como por la nieve que se acumula en los inviernos se forman grandes depósitos de agua en el subsuelo. Aquellos seres ingeniosos supieron localizarlos y perforar pozos hasta llegar al nivel freático. Entre pozo y pozo, verticales, perforaron también túneles horizontales, paralelos a la superficie, por los que el agua era canalizada eficazmente tanto por la pendiente que tenían por ser paralelos a la ladera como porque su situación subterránea impedía la pérdida por evaporación. Este sistema fue luego exportado con éxito a otros lugares desérticos de la tierra. En Irán todavía siguen existiendo miles de qanats y hasta hace relativamente poco tiempo la profesión de constructor de qanats, tan peligrosa que costaba víctimas en muchas ocasiones, era prestigiosa y honorable; sólo las personas que viven en el desierto conocen de verdad la importancia del agua.

Estos qanats explican con elocuencia la presencia de extraordinarios jardines, los huertos y los cultivos que menudean por estas regiones, la producción de una rica agricultura.

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JARDIN BAGH-E SHAHZADE (FOTO J.P.B.)

El jardín, además, es trascendente para el iraní. En el desierto llegar a un oasis es llegar al paraíso. Eso es precisamente lo que va a significar un jardín para ellos: el agua, la vegetación, la cuidadosa construcción de los edificios, contrastando todo ello con el desierto que lo rodea. El edén jubiloso y afuera el mundo árido de la existencia terrenal.

En el jardín Bagh e Shahzade los surtidores de las fuentes del pasillo central acompañan con un alegre rumor acuático el paseo entre una densa vegetación. El agua forma una especie de escalera líquida descendiendo en pendiente. En lo alto una surgencia subterránea llena un depósito en el primer tramo de estas gradas, es la finalización del qanat que alimenta estas fuentes, que baja el agua de la montaña. Estamos en un vergel, un oasis en medio del desierto. Familias iraníes disfrutan del agua y de la sombra del arbolado, nadie como ellos para valorar y disfrutar de los jardines. Fuera de los muros de este paraíso la aridez y al fondo del paisaje unas altas y duras montañas en las que las cimas juegan hoy con densas nubes grises.

Las caravanas cruzaban estos territorios desérticos y las altas cordilleras transportando todo tipo de mercancías. En los caravansares encontraban protección, descanso, alojamiento y alimentación para personas y animales. Más de 1000 se calcula que todavía existen en pie en Irán.

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DESIERTO DESDE EL CARAVANSAR ZEIN O DIN (FOTO J.P.B.)

Miro hipnotizado el árido y pedregoso desierto desde la azotea del casavansar Zein o Din, una de estas antiguas construcciones, que data de 1.575, que se ha rehabilitado y convertido en alojamiento turístico. A lo lejos una seca cadena montañosa refuerza la sensación de aridez en el paisaje. Trato de imaginar la llegada de estas caravanas, sus últimos metros tras atravesar esas montañas, todo ese desierto. En esta casa camellos y personas, protegidos de inclemencias y bandidos, descansan, se alimentan, reponen fuerzas y se suministran de lo imprescindible para una nueva y dura etapa. Yo, ahora, miembro de otro tipo de caravana contemplo el paisaje con una cerveza fría en la mano, por supuesto sin alcohol.

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CARAVANSAR ZEIN O DIN (FOTO J.P.B.)

El desierto ha marcado la vida de estas personas y la necesidad de adaptarse a este medio tan hostil junto con una inteligencia portentosa desarrolló sistemas que como los qanats hicieron más llevadera su vida. En la ciudad de Yazd se pueden ver multitud de “torres del viento” y cúpulas que cubren depósitos subterráneos de agua habitualmente alimentados por un qanat. Las torres del viento están construidas con ladrillos de arcilla y por un mecanismo físico, pura energía natural eficiente y limpia, aprovechando el viento del desierto crean una corriente que disipa el aire caliente, refrescando así el interior de las casas y de los depósitos de agua.

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TORRES DE VIENTO EN YAZD (FOTO J.P.B.)

Paseamos por las estrechas y laberínticas calles de la ciudad vieja de Yazd, los sabbats, la denominada “ciudad de barro”. Las casas están construidas con adobe y el suelo excavado por debajo del nivel de la calle que es muy estrecha y en muchas ocasiones cubierta por arcos.

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CALLE EN SABBAT DE YAZD (FOTO J.P.B.)

Todo busca la protección del calor. En las antiguas puertas hay dos tipos de llamadores, uno para los hombres y otro para las mujeres. Sabían así quién iba a entrar a la casa y de esa manera las mujeres podían cubrirse si el que llamaba era un hombre.

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LLAMADORES EN VIEJA PUERTA. A LA IZDA EL DE LOS HOMBRES (FOTO J.P.B.)

Busco imágenes del terroso y exótico paisaje de esta ciudad de barro desde la azotea, bajo un fuerte sol, en un pequeño restaurante. Hay momentos en este país que tengo la impresión de estar sumergido en uno de los cuentos de “Las mil y una noches”, de vez en cuando cruzan el cielo sobre estas azoteas unas magníficas alfombras voladoras.

En el patio, a la sombra, calmo la sed con otra cerveza, sin alcohol por supuesto.

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AZOTEAS DE LA VIEJA CIUDAD DE YAZD (FOTO J.P.B.)

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