LA VIDA SIN TI

A Adriana

Et bene discedens

dicet placideque quiescas,

terraque securae sit super ossa levit

Abro hoy los ojos y en mi habitación hay niebla. Una niebla densa que me impide delimitar los perfiles, todo está borroso. Escucho en la calle ruidos familiares, automóviles, voces, el ruido del viento y tengo la sensación de que sobran. Hoy todo debería estar en silencio. El sol debería haberse apagado. Faltas tú y el mundo no se ha detenido, un despropósito a unir  al de tu marcha.

Conocerte cambió nuestras vidas, modificó nuestra existencia, nos hizo mejores. Te hemos querido, te queremos y sé que tú nos has querido y nos quieres. En este trasvase de amor tuvimos momentos felices, gestos y palabras, mucha vida compartida, a veces comprimida en cortos espacios de tiempo pero llenos de intensidad. Pero te has ido y nos quedamos aquí, helados,  echándote de menos.

No sabemos dónde estás. Hasta ayer supimos de ti, hoy ya no. Nos has dejado con el café con leche a mitad, con el cigarrillo apenas encendido, con la palabra en la boca, con el viaje simplemente planeado. Y, tal como has sido siempre, ni siquiera hemos oído el golpe de la puerta al cerrase.

Aunque sabida, tu ausencia nos deja  confusos, intensamente aturdidos, dolorosamente tristes. Entendemos que tu marcha era obligada; que nada, ningún argumento que empleáramos  podría hacerte desistir. Tu viaje estaba precozmente planificado y nada te haría cambiar de idea. Te has ido y no hay más que discutir.

Ahora queda lo más difícil: vivir sin ti, emprender la rutina diaria con la sensación constante de que faltas, de que ya es imposible coger el teléfono y escuchar tu voz al otro lado, recibir tus mensajes,  tu luminosa mirada, tus gestos de infinito amor, tu fe y tu esperanza. Unirte a todos esos rostros que grabados a fuego en el corazón nos van dejando marcada la existencia. Cicatrices en el alma que nos modifican, que nos enseñan el camino de la luz, que nos obligan a ser mejores cada día, aunque cuando se trata de seres tan diáfanos como tú es terriblemente difícil alcanzar vuestra excelencia: sois irrepetibles e inigualables.

Escuchábamos el ruido de tierra al caer sobre tu cuerpo, los golpes secos de los guijarros sobre la madera que te guarda y teníamos la fuerte sensación de que en aquél entorno en el que nos habíamos reunido tanta personas que te queremos, por algún rincón escondido andabas tú sonriendo, mirándonos con la luz tan especial de tus ojos, nítida, transparente,  feliz. Y las lágrimas se mezclaban con un sentimiento alegre de pertenencia a tu amor.

Ahora nos queda esa sumisión a la renuncia obligatoria a todo eso que teníamos pendiente, a todas esas horas que queríamos compartir, a toda la vida que dijimos pasaríamos juntos, a  todos los planes pendientes de cumplir.

Queda el consuelo de saber que somos caducos, que tenemos como la luna una obligada evolución y emprenderemos algún día el mismo viaje en el que ójala alcancemos tu destino. En esta metamorfosis de energía tú ya eres libre, te has convertido en una maravillosa mariposa llena de belleza, color y ligereza, has salido de esta cárcel oscura para alcanzar la plenitud.

Nosotros por ahora seguimos arrastrando nuestra pesada humanidad por el suelo, hoy más tristes que nunca por tu ausencia.

Con todo nuestro amor.

 

Sid tibi terra levis.

Mamen y Javier

2 pensamientos en “LA VIDA SIN TI

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