LA MEMORIA DEL NOMADA: VIAJANDO POR UZBEKISTAN

A Vicente Estop. In memoriam.

A los que nos gustan los platos contundentes, esa mezcla de arroz, verduras, carne y grasa de cordero es agradable. El problema es que este plato nacional de Uzbekistán, el plov, puede  estar guisado con aceite de algodón que es muy indigesto. Los uzbekos aconsejan comerlo bebiendo vodka, dicen que así el cuerpo lo tolera mejor. Conmigo, al menos, ha funcionado.

Uzbekistán no es precisamente un país en el que la gastronomía sea especial. Muy neutra y destinada a la supervivencia, la comida uzbeka consiste en una base de arroz, pasta, verduras, carne de cordero, pollo y caballo. Poco más.  Té, cerveza y vodka para acompañar.

La estructura física de este país de Asia Central no da para mucho. Amplios desiertos, pocos ríos, algún pequeño lago y el conocido mar de Aral, tan desecado que son famosas las fotografías de barcos varados en la arena de su fondo. Un valle fértil, el Fergana, en el este.

Y muchos campos de algodón, el cultivo nacional  —es el tercer productor mundial—, que se ha bebido el agua de los ríos que desembocaban en el Aral. Los planes quinquenales soviéticos que incidían en aumentar la producción de estos cultivos, provocaron así su desecación. Se ha acusado a Uzbekistan de fomentar el trabajo infantil recogiendo el algodón; el gobierno lo niega pero prohíbe a los turistas hacer fotografías los campos durante la recolección.

ALDEA. PATIO DE UNA CASA RURAL CON EXCREMENTOS DE ANIMALES COMPACTADOS PARA SERVIR DE COMBUSTIBLE. (Foto JPB)

Unos 32 millones de habitantes, la mayor parte de ellos (80%) uzbekos, mezclados con  rusos, tayikos, kazajos y tártaros, conviven repartidos en varias ciudades, pocas, pequeños pueblos, aldeas de aspecto pobre en medio de un territorio desértico, casas muy humildes que en sus patios acumulan excrementos de animales domésticos, secos, compactados, que servirán como combustible.

En unos de los trayectos por carretera nos detenemos en una gasolinera.  Para entrar en el baño hay que pagar a un niño que ejerce de cajero inflexible. Cualquier pago, por la peculiaridad del cambio de divisas, (1€ = 12.711 SOM) requiere una cantidad increíble de billetes que, literalmente, por su volumen hay que llevar en la mochila.

La larga biografía de Uzbekistan tiene tres hitos fundamentales: la creación nacional mediante la unificación de los tres gobiernos liderados por el Khan de Samarkanda, el de Boukhara y el de Khiva, que consiguió Amir Tamur (1336-1405) llamado también Tamerlan; la anexión en el S. XIX al Imperio Ruso constituyéndose en 1924 como una de las Repúblicas de la URSS,  y  la independencia, tras la disgregación de la Unión Soviética, en 1991.

Pero hasta entonces su historia fue muy larga y densa.

Bactrios, sogdios, persas, etnias turcas…Alejandro el Magno se carga a Darío III y toma Samarkanda y Bukhara; aparecen los árabes, luego los griegos islamizados, posteriormente los turcos y, de pronto, llega Gengis Khan conquistando el actual Uzbekistán y parte de Afganistán.

Cuando el famoso líder mongol muere, sus hijos comienzan a reñir entre ellos. Pero en el s. XIV aparece una figura trascendente en la historia uzbeka: Tamerlán.

ESTATUA DE AMIN TEMUR (Foto JPB)

Su nombre era Timur, Tamerlán deriva de «Timur the lame, Timur el cojo»,  y nació cerca de Samarkanda. Se convirtió en un brutal caudillo de las tropas mongolas. Guerrero formidable pero mal político, su extenso imperio se llenó de continuas crisis y rebeliones, acabó conquistando una gran extensión, el imperio timúrida, que con el centro en Uzbekistán, abarcaba Turquía, Siria, Egipto, Irán, Irak, Afganistán, Armenia, Georgia, Azerbayan y Pakistán. Toda esta conquista supuso unos 17 millones de muertos.

No contento con este imperio, Timur  intentó atacar China pero se lo impidió una inoportuna peste que acabó con él.

Como ocurrió con Gengis Khan,  y con muchas familias desde entonces hasta nuestros tiempos,  sus descendientes comenzaron a disputar la herencia a base de traiciones, asesinatos y rebeliones.

Una tribu de la etnia uzbek ocupó la práctica totalidad del actual Uzbekistán. Luego fueron los rusos los que tomaron Tashkent, Bujara y Jiva. En 1924 Uzbekistan se incluyó en las Repúblicas Soviéticas hasta 1991 cuando la URSS se desmorona y Uzbekistán se convierte en una república autoritaria con un  sistema presidencial liderado por Islom Karimov, un antiguo secretario del Partido Comunista. Fue elegido por un periodo de 5 años pero tras leyes y sufragios llenos de irregularidades, siguió gobernando el país con mano de hierro hasta 2016, cuando murió a los 78 años por una hemorragia cerebral. Fue sustituido, es el actual presidente, por Shavkat Mirziyoyev que ha desarrollado una política aperturista y un impulso del desarrollo industrial y económico del país.

La hija de Karimov, Gulnara Karimova, fue (o es, no se sabe si está viva) un curioso personaje. A pesar de su edad, 48 años, ha desarrollado una actividad profesional muy diversa: profesora de universidad, política, diplomática, empresaria, diseñadora de joyas y cantante, entre otras cosas. En 2010 fue la embajadora de Uzbekistán en España. Parece ser que por delitos económicos, en 2014 fue recluida judicialmente en su domicilio. Existen rumores de que falleció envenenada en 2016 pero según medios oficiales uzbekos, en 2017 fue condenada a 10 años de cárcel conmutados por 5 de arresto domiciliario. En 2019 podría haber sido enviada a la cárcel por violar su reclusión doméstica.

Bajo una imponente estatua de Tamerlán se fotografían los participantes de una boda; mujeres a un lado, hombres al otro. Casualmente, en un restaurante, coincidimos con  la celebración de la boda de tres parejas. Ellas visten tejidos brillantes, con hilos plateados y dorados, llenos de lentejuelas, y tapan su rostro con un velo, la cabeza  inclinada mirando hacia el suelo, dicen que en señal de sumisión.

BODA UZBEKA BAJO ESTATUA DE TAMERLAN (Foto JPB)
NOVIAS UZBEKAS. CEREMONIA DE BODA (Foto JPB)

Nos perdemos por el Bazar Chorsu, el gran mercado de Tashkent, una gran cantidad de puestos que se distribuyen en círculos. En el exterior se vende infinidad de alimentos y materiales; hay también  pequeños restaurantes en los que se puede comer platos uzbekos como el plov, brochetas de cordero o norja (espaguetis con carne de caballo) acompañados de una buena cerveza.

MERCADO CHORSU. TASHKENT (Foto JPB)
MERCADO CHORSU. TASHKENT (Foto JPB)
MERCADO CHORSU, TASHKENT (Foto JPB)

Tashkent es una ciudad bastante anodina de unos 2-2,5 millones de habitantes. Edificios de corte soviético, alguno sin acabar de construir, un metro como seña de identidad de su antigua pertenencia a la URSS y varias mezquitas y madrasas.

En los años 90 hubo unos cuantos atentados y el metro está especialmente vigilado. Antes de entrar aparece un joven y nos ofrece su compañía para evitar equivocaciones y molestias con la policía. Pensamos que busca una propina, pero él nos dice que es estudiante y sólo quiere practicar inglés. Efectivamente,  en la estación aparece la policía, nuestro joven acompañante habla con ellos y nos dejan en paz. No nos desampara hasta volver, unas horas después, a nuestro hotel. A pesar de insistir hasta la extenuación no conseguimos que acepte la invitación a cenar con nosotros. Un buen ejemplo de la hospitalidad de los uzbekos.

En las puertas de las mezquitas en las que hay culto se acumulan los zapatos pero no escuchamos, en ninguna de las ciudades uzbekas, ninguna llamada a la oración. Tampoco suenan las campanas de las escasas iglesias católicas que localizamos. Uzbekistán no tiene religión oficial. Sin embargo el 90% de los uzbekos se declaran  musulmanes suníes y un  escaso 10% católicos ortodoxos, la mayoría rusos. Los años soviéticos derivaron en una aureola nacional atea. Hubo unos atentados terroristas en 1999 que se atribuyeron a radicales islámicos. Por ambas razones la República de Uzbekistán, aunque permite el culto, prohibe las manifestaciones públicas religiosas, las llamadas de los muecines o los signos externos católicos.

ENTRADA A MEZQUITA (Foto JPB)

Al bruto de Timur le encantaba el arte y por ello la profesión de artesano, de artista, era un seguro de vida. Enviaba a los mejores a las ciudades de sus conquistas  y los dedicaba a llenarlas de bellos edificios decorados con azulejos policromados, sólidas construcciones que han resistido  el paso de los siglos quedando de aquellos tiempos como ejemplos de arquitectura religiosa, grandiosas y bellísimas mezquitas y madrasas. Su interior está ahora vacío de todo espíritu religioso y muchos llenos de locales comerciales.

Las manifestaciones artísticas uzbekas, por esa mezcolanza de artesanos, son una fusión de las culturas que residieron en el país: persas, árabes, turcos y mongoles. Los azulejos son representativos de los complejos arquitectónicos de Asia Central; domina en Uzbekistán el color azul cobalto o turquesa. Con ellos se van a diseñar motivos geométricos, caligráficos e incluso representaciones astronómicas. Cúpulas, minaretes, arcos, pórticos, mausoleos; todo Uzbekistán, sobre todo en Samarkanda y Bukhara, están llenos de arquitectura islámica que tiene su máxima representación en la fabulosa plaza del Registán, en Samarkanda.

TREN AFROSIYAB TASHKENT-SAMARKANDA (Foto JPB)

A esta ciudad se puede llegar en un tren rápido, el Afrosiyab, construido en España por Talgo. Samarkanda, la más famosa ciudad de Uzbekistán, fue una de las más notables en la Ruta de la Seda,  el camino que se estableció ya en el siglo I, que hicieron famoso los comerciantes venecianos con Marco Polo a la cabeza y que permitió no sólo el intercambio de mercancías en el eje europeo, desde Roma-Constantinopla a Xian en China, sino que fue un constante trasvase de  pueblos, etnias, ideologías, religiones y culturas entre todos los países en los que transcurría, los caminos accesorios que se establecieron y las zonas adyacentes que fueron determinantemente influenciadas.

PLAZA REGISTAN, SAMARKANDA (Foto JPB)
MADRASA SHER DOR (Foto JPB)
MADRASA ULUGBEK (Foto JPB)

Ahora, la Ruta de la Seda sigue existiendo pero utiliza el ferrocarril. Un tren que supera los 500 m de longitud, recorre los 13.052 km que separan Madrid de Yiwu, en el este de China, en 16 días. Más rápido que por barco, más económico que por avión, el transporte de mercancías entre oriente y Europa se asegura en esta versión moderna sin la  magia y la poesía de aquellas lentas caravanas pero con el beneficio del resultado práctico que los tiempos actuales exigen.

Tamerlán,  quien estableció  aquí el centro de su imperio,  llenó la  capital de su reino de madrasas, palacios y mezquitas. Sus arquitectos y artistas capturados en las correrías guerreras las diseñaron y miles de esclavos las construyeron. Posteriormente un nieto de Tamerlán, el astrónomo Ulugbek, comenzó a construir una de las madrasas de la impresionante plaza del Registán, maravilla de las maravillas, que sirve de modelo a las otras dos que constituyen el impresionante complejo, emblema de la ciudad.

Tres grandes madrasas con las fachadas decoradas con azulejos coloridos y cúpulas azules ocupan una gran plaza que era el centro comercial de la ciudad durante la época más fastuosa de la Ruta de la Seda. La más antigua es la de Ulugbek, del siglo XV. Las otras son (Sher Dor y Tilla Kari)  del siglo XVII. 

Además de numerosas mezquitas dispersas por el barrio antiguo, hay una necrópolis, Shah I Zinda,  constituida por mausoleos de fachadas repletas de azulejos multicolores predominando los tonos azules. Son tumbas de miembros de familias reales y nobles de la época de Tamerlan y Ulugbek. Destaca la tumba de Qusam Ibn Abbas, primo de Mahoma.

NECROPOLIS SHAH I ZINDA (Foto JPB)

En 1500 la capitalidad de la región se desplazó a Bukhara Allí vivieron persas, macedonios, bactrios, árabes, turcos, mongoles, uzbekos, rusos…en una historia de más de mil años, continuos periodos encadenados de apogeo y destrucción de los que ha quedado un centro antiguo  monumental.

EL ARCA, ENTRADA. BUKHARA (Foto JPB)

La residencia real, El Arca, es un recinto amurallado con cimientos del siglo V que fue destruido parcialmente por  los rusos en 1920. En el interior hay unas curiosas fotografías de los últimos dignatarios. Algunos de ellos tenían mal genio y  decapitaron a unos emisarios de la reina Victoria de Inglaterra después de tenerlos en un pozo lleno de ratas, escorpiones y toda clase de insectos. El coronel Charles Stoddart,  era el portador de una carta para el emir escrita por el gobernador británico de la India. El desgraciado y patoso militar incumplió varios rituales de obligado cumplimiento en la corte del Khan Nasrullah: entró en el Arca a caballo, no llevó ningún regalo y la carta estaba firmada por el gobernador y no por la reina, todo lo que se interpretó como ofensa y  menosprecio. Estuvo encarcelado durante dos años. Luego apareció otro enviado, el capitán Arthur Conolly, a pedir su libertad y fue también al agujero. El 17 de junio de 1842  fueron decapitados.

STODDART, KHAN NASRULLAH Y CONOLLY

Atardece sobre Khiva. Esta ciudad no es tan monumental como Samarkanda o Bukhara, aún así posee 50 madrasas,  pero su centro histórico, rodeado de una muralla,  es el mejor conservado y desprende un aura de magia y misterio; palacios, edificios religiosos, rincones, patios, puertas que encierran espacios de oculta belleza.

ATARDECER EN KHIVA (Foto JPB)

Hoy, que las costumbres crueles, la brutalidad, la sangre derramada, las conquistas feroces, en esta parte del mundo ya no existen, vemos caer el sol desde la muralla llenando de tonos dorados a esta antigua ciudad y al desierto que la rodea. La tarde es apacible, y todo tiene una atmósfera de cuento oriental. Estoy contemplando los paisajes que Stoddart y Conolly vieron antes de morir; imagino en el horizonte la imagen de la gran caravana de Marco Polo, los furiosos guerreros de  Gengis Khan o Tamerlan.

Sin embargo, no son Marco Polo ni Tamerlán los que aparecen. Son dos muchachos uzbekos que preguntan tímidos y curiosos en un inglés rudimentario por nuestra procedencia. Al contestar «Spain» se muestran asombrados «¡Ah! Spaniya» y, riéndose, rompen la magia de la tarde con una demostración de su dominio del español: «¡Real Madrid, Barcelona, Messi!».

AZULEJOS. ARTESANOS UZBEKOS (Foto JPB)

© CHUAN ORÚS 2021

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