VIAJE A LA HABANA (IV)

 

 

En el acceso al Castillo del Morro, junto a la entrada a la Feria del Libro, hay una colina que un cubano dicharachero nos aconseja visitar. Todavía no se ha abierto la Feria y aprovechamos el tiempo paseando por la pradera que va ascendiendo hasta lo alto. Una amplia exposición ocupa la superficie. Cohetes, misiles, aviones de combate y otras armas más convencionales se muestran en una especie de museo militar al aire libre. Entre   todos estos ingenios guerreros numerosos paneles informan de los sucesos ocurridos en la crisis de los misiles del año 1962, aquellos días que tuvieron al mundo en tensión y que tantas repercusiones provocaron después en Cuba y en el resto del mundo.

En la monumental trilogía de James Elroy (América, Seis de los grandes y Sangre Vagabunda) se detalla con una prosa enérgica y poderosa el agitado panorama que sucedió al triunfo de la Revolución Cubana. Mafia, guerrilleros, políticos, anticastristas, la CIA, el FBI, la ultraderecha…un sinfín de conceptos y personajes desfilan en una sucesión de historias ligadas por un nexo común bajo el condicionante de “cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia”.

Hubo en todos esos años unos personajes muy conocidos que desarrollaron su participación en los diversos rincones del escenario común. Junto a ellos miles de seres anónimos que formaron la argamasa sobre la que se sustentó, que sustenta en todos los casos, la evolución de la historia. Pero además existieron personas poco conocidas que tuvieron, o pudieron tener, un papel decisivo, que funcionaron como catalizadores, esenciales para que una reacción se produzca pero sin intervenir directamente en ella. Lisa Howard fue una de esas personas.

J. Ellroy (Foto Wikipedia)

JAMES ELLROY (WIKIPEDIA)

lisa howard

LISA HOWARD (WIKIPEDIA)

Lisa Howard fue periodista de televisión. Inteligente, bella y ambiciosa se propuso entrevistar a los más importantes líderes mundiales. Con tozudo empeño no se daba por vencida y empleaba todos los trucos a su alcance para conseguir su propósito. Uno de los líderes a los que quiso entrevistar fue Fidel Castro lo que consiguió después de varios intentos infructuosos.

Esa primera entrevista fue decisiva. Lisa quedó impactada por la palabra y la personalidad de Castro y en Fidel la periodista debió de producir un efecto parecido ya que entre ellos se creó una corriente amistosa y la reportera  a partir de entonces viajó con frecuencia a Cuba para ver a Fidel.

Tras la crisis de los misiles se dieron tentativas de acercamiento entre Cuba y EEUU.  A instancias de Kennedy se establecieron conversaciones secretas entre representantes de ambos países para ir negociando los términos de un posible acuerdo. El acercamiento inicial se realizó en un apartamento en Nueva York propiedad de Lisa Howard.

Parece ser que se estaba llegando a un inicio de acuerdo entre los dos gobiernos cuando se produjo el asesinato de Kennedy. Su sucesor, L. B. Johnson , no sólo no quiso saber nada de aquellos trabajos de acercamiento sino que los prohibió totalmente.

Lisa Howard murió poco tiempo después, en 1965. Al parecer se suicidó con una sobredosis de barbitúricos y sobre esta muerte también hubo, hay, especulaciones.

En todos esos años tan convulsos la maraña de historias y personajes de Elroy se funden y confunden con otras historias reales y documentadas como la de Lisa Howard. Todas andan metidas en el mismo capítulo de la historia aunque en algún caso “cualquier parecido con la realidad sea mera coincidencia”. Y, leyendo tanto en la trilogía de Elroy como en los textos científicos de historia, las coincidencias son múltiples y asombrosas.

Eric, un taxista educado, culto y afable al que hemos contratado, nos lleva hoy en su cuidadísimo Plymouth a Playa Girón. Después de bañarnos en las aguas que un día se llenaron de sangre y metralla, de fracaso y de gloria, comemos en un restaurante de carretera bajo un gran cartel que dice “Hasta aquí llegaron los mercenarios”.

Junto a nosotros un pequeño grupo de turistas rusos beben ron con avidez. En una reducida charca, en medio del patio del restaurante junto a gallinas y algún perro, hay un pequeño caimán que me recuerda al Lagarto Juancho de los dibujos animados. Tiene las fauces atadas y la mirada triste. La carretera rectilínea se pierde en el horizonte en dirección a La Habana entre campos muy verdes y bosquecillos de palmas. Eric nos habla de revoluciones, de su papá guerrillero, de campos y cultivos, de peloteros hábiles con el bate, de su vida, de su familia, de sus sueños. El cielo es de un azul intenso y por él caminan despacio grandes nubes de un blanco inmaculado.

 

CARTEL EN CARRETERA DE PLAYA GIRON

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