MUJERES

Soy el único hombre junto a seis mujeres. Larga sobremesa en la terraza de Marta, sobre el mar, con una conversación agradable y errática, posiblemente influida en lo placentero por el vino de la comida y alguna botella de cava, varias, que acompaña el postre y el café. Mediterráneo, tataranietos de Noé.

         La compañía de mujeres, les cuento, es proverbial en mi vida. Mi lejano nacimiento, hijo de padres que emigraron del campo pobre a la lucha por la vida en la ciudad, fue acompañado de constantes presencias femeninas. Mi casa, ya desde antes de mi nacimiento, era una cabeza de puente al que acudían mis entonces jóvenes tías, luego mis primas hermanas, alguna familiar más remota, incluso alguien que no era estrictamente  presente en el árbol genealógico pero como si lo fuera, que disfrutaron del concepto sagrado de la hospitalidad enraizado en la más profunda esencia, en los criterios inamovibles de mis padres. Éramos humildes, mucho, pero siempre hubo una cama y un plato con comida para ellas, hasta que encontraban su espacio en el mundo de la ciudad y volaban libres.

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PERRO CALLEJERO

Aunque fue de todos, nunca tuvo dueño
que condicionara su razón de ser.
Libre como el viento era nuestro perro,
nuestro y de la calle que lo vio nacer.

                            CALLEJERO

                            Alberto Cortez

Apareció un día cualquiera, nadie podría decir una fecha concreta. Le habían cortado las orejas y el rabo recientemente, los tres apéndices eran muñones sangrantes. Era un perro mestizo, muy flaco, que caminaba encogido, con el lomo arqueado, mirando a los lados con unos ojos tristes y acuosos. Se tumbó en un rincón aislado, en una zona protegida por unos arbustos y allí se quedó.

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JACOBO: EL ÚLTIMO ACTO

                                                                           A Jacobo, que ya es luz.

                            «Los dioses habían puesto a prueba al hombre, hasta que solo quedó el último hombre con su perro. En la cumbre de la montaña sagrada le esperaba el dios guardián de la puerta del cielo, que le dijo que había superado las pruebas y le dejó pasar. El hombre cogió a su perro, pero el dios gritó: Tú puedes pasar pero no tu perro, ningún ser inferior accede al cielo. El hombre respondió: No puedo abandonar a nadie que me ama. Abrazó a su can y ambos se acurrucaron esperando su final. Esto despertó la compasión de los dioses y, desde entonces, consideraron a los hombres superiores a los ángeles, pues los ángeles vivían y amaban, pero los hombres vivían, amaban, sufrían y morían»

                                                                  Majabhárata

Aquél día, hace tres años, hicimos juntos la travesía entre Formigal y Escarrilla y a mitad de camino subimos al Pacino. Fue un día luminoso, soleado. Tú ibas siempre delante, subiendo y bajando; yo te miraba admirando tu fuerza, tu caminar  ágil y elegante, tu sentido del equilibrio, de la orientación. Desde la cima hablamos de las montañas que se veían desde aquella prodigiosa atalaya: querías subirlas, todas a ser posible, y hacías planes para el futuro inmediato, para el de medio y largo plazo.

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QUE LA TIERRA TE SEA LEVE

A Tere,

In memoriam.

I

Me envuelve la noche en mi madriguera, allá donde mi búsqueda de paz se rodea de libros y recuerdos, de papeles escritos del todo o a medio escribir, de pequeños objetos traídos de decenas de países en esa vocación de Diógenes que habita mi espíritu y que aquí puedo almacenar para sentirme acompañado

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