UN CUENTO DE INVIERNO

A un ser anónimo que lloraba
en la madrugada.
A todos a los que la madrugada les
sorprende llorando.

Noche oscura, posiblemente madrugada, y en este despertar de naúsea absoluta apenas se quién soy ni dónde estoy. Ando perdido como un naúfrago envuelto en esa sensación de no estar dormido pero tampoco despierto. Flotando pesadamente entre un líquido viscoso y sucio entre el que me muevo con dificultad.

Desorientación, asco, en mi cabeza repleta de telarañas comienzan a crecer los movimientos sinuosos de un vómito, una pesadez que empuja mi cerebro desde algún lugar que no reconozco.

Vagamente recuerdo voces, sonidos, colores…pero apenas nombres, ni de personas, ni de animales, ni de cosas. No sé si es éste mi mundo o soy un viajero planetario que ha llegado a una remota constelación. Tengo frío.

No sé si es real pero débilmente escucho música y una conversación. Palpo mi cabeza con mi mano de corcho y compruebo que tengo el auricular de la radio prendido en mi oreja…sí, lo hago habitualmente. El sonido me defiende de mis pensamientos, me adormece. Y casi siempre me duermo sin apagar el transistor, efecto también de las pastillas que me hacen dormir como si me golpearan la cabeza con un mazo.

Con sensación de irrealidad escucho la voz de una locutora, es uno de esos programas de madrugada a los que llaman los insomnes, los deprimidos, los angustiados…da paso a una persona, una mujer, a la que apenas se entiende. Solloza, gime, apenas se le entiende. Dice algo de un hijo que vive con ella. Un enfermo mental, esquizofrénico, con continuas crisis en las que se vuelve violento, la maltrata, rompe objetos, golpea a los vecinos que acuden a ayudarles. Cuenta que a veces aparece la policía, que ella ha pedido decenas de veces el ingreso en un psiquiátrico, que hay un juez que lo deniega, que…se le nota agotada, con una fatiga extrema de vivir, con deseos de acabar esa existencia de sufrimiento constante. Ayer, dice, salió de casa hablando a gritos con seres desconocidos, golpeando paredes y puertas, peleando con su sombra y con todos los que, asustados, se cruzaron con él. Y desapareció, no sé dónde está…no sé dónde está…por favor, que alguien me ayude.

Y cuando la locutora le corta, “…porque llegan ahora las noticias…” dice, comienza mi cabeza a salir de la niebla y navegando torpemente a la deriva entre un caos infinito me doy cuenta que la persona que hablaba en la radio era mi madre.

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