DANILO

 

 

Existen personas especiales que en ocasiones cruzan sus vidas con las nuestras y de alguna manera nos modifican. Son seres luminosos, potentes, dotados de una energía intensa. Generalmente anónimos su existencia es  necesaria para mantener la fe y la esperanza en la humanidad, personas que nos guían en ese camino sinuoso y difícil de lograr que el mundo sea una casa común en el que el hombre sea amigo del hombre, el la que compartir y amar sean verbos obligatoriamente utilizados. Seres que nos devuelven la fe en el ser humano, que nos recuerdan conceptos esenciales y olvidados, que desde su anonimato irradian sin pretenderlo dignidad,  fortaleza y belleza.

Hace ya algunos años, en un viaje a República Dominicana conocí a Danilo a través de un amigo común. Se movía entonces en una desvencijada silla de ruedas. No tenía piernas. Su cuerpo consistía en un tronco, fuertes brazos y una bella cabeza en la que dos ojos expresivos trasmitían vida y afecto.

Vivía en una humilde casa construida con sus manos y la ayuda de Luz,  su mujer, en las afueras de la ciudad dominicana de Bonao. Allá, en el patio, a la sombra del fuerte sol caribeño  me contó la su historia. Tenía Danilo entonces unos 50 años.

FAMILIA DE DANILO

DANILO, LUZ, SU HIJO JONATHAN Y SU NIETO MIGUELITO

Trabajando en la construcción un aciago día cayó desde un tejado. Una fractura de columna le dejó paralítico, sólo movía los brazos. Pasó muchas semanas hospitalizado con la constante compañía de Luz que ni de día ni de noche se separó de él. Las cosas fueron mal. El influyente empresario para el que trabajaba carecía de toda legalidad y a pesar de la feroz lucha de Luz por lograr un poco de justicia sólo consiguió que el fraudulento constructor se hiciera cargo de algún gasto del hospital. Danilo salió arrastrando sus piernas inútiles, sin ningún tipo de indemnización e imposibilitado para cualquier trabajo. Tenían tres hijos.

DANILO

DANILO EN SU MOTO

Descubrió entonces que las piernas eran dos pesadas cargas que no le servían para nada. Convenció a los médicos y un día se las amputaron. Ganó en ligereza, sus fuertes brazos le permitían, ahora ya con menor peso, manejar su cuerpo para subir o bajar de una silla de ruedas anticuada que alguien le regaló.

A partir de ahí comenzó una enorme lucha por la vida. Consiguió adaptar una vieja moto a la que convirtió en triciclo motorizado. Con él recorría muchas carreteras y le liberaba del encierro en el que el accidente le había sumido.

En las inmediaciones de su casa pasa el río Yuna. Danilo iba allí a pescar con una técnica muy especial. Tenía amarrado, con una larga cuerda a la orilla, un neumático hinchado de camión. Llegaba al río con su triciclo, a fuerza de brazos se introducía en el neumático y se dejaba llevar por la corriente hasta el interior del río en donde pescaba. Cuando acababa tiraba de la cuerda y volvía a la orilla con sus capturas. Una parte era alimento para su familia y el resto dedicado a la venta.

Los domingos iba a la misa de su iglesia y  a la salida se colocaba en la puerta para pedir limosna  a sus vecinos. Hacía pequeños encargos. Jamás estaba quieto. Luz mientras tanto se empleaba en alguna limpieza de casa, cocinaba algo para vender, cuidaba de sus hijos y de Danilo.

LUZ Y JONATHAN

LUZ Y SU HIJO MENOR JONATHAN

Al poco comenzó a formarse una úlcera en el muñón de uno de los muslos amputados. Fue creciendo y creciendo. A pesar de los cuidados médicos la úlcera se hizo cada vez más grande y se convirtió en un gran boquete por el que asomaban los huesos. De vez en cuando le invadían infecciones generalizadas y pasaba días en la cama con fuertes crisis febriles. Los tratamientos hacían su efecto y de nuevo Danilo seguía con su lucha por la vida.

DANILO

DANILO

 

Tenía profundas convicciones religiosas. Decía que si Dios le había dado esas limitaciones era “…porque las podía sobrellevar…” y le agradecía el que le hubiera dado la   fortaleza de poderlas  asumir. Le hubiera gustado conocer todo el mundo, el mejor regalo que se le podía hacer eran fotografías o libros ilustrados con paisajes de otros países. Era un hombre libre y curioso.

DANILO LEYENDO

SUS LIBROS DE VIAJES

La última vez que lo vi  fue con unos amigos de excursión a una playa. Lo acercamos a la orilla con su silla de ruedas y él, con la fuerza de sus brazos, descendió hasta el agua y nadó un buen rato mar adentro.

Un día recibí desde allá la triste noticia de su muerte. Lo que las adversidades inmensas que tuvo que combatir no hicieron lo consiguió la infección.

DANILO MAR ADENTRO

DANILO NADANDO

De su memoria me acompañará siempre su tenacidad, su tozuda lucha para posibilitar lo imposible, para pelear por la vida con uñas y dientes, con ánimo y buen humor, con fe en sus convicciones. Me consta que dentro de su titánica pelea por la vida tuvo muchos momentos de felicidad.

Y en estos tiempos en los que determinadas cuestiones han desaparecido del esquema social, en los que el valor del esfuerzo, el sacrificio, la austeridad, quedan como rémoras a las que se les otorga más significado de defecto que de virtud, seres como Danilo ejemplifican al ser humano en sus dimensiones de dignidad, valentía, esperanza y esfuerzo.

Cada vez que me atrapa el desaliento, los problemas, las dificultades en mi vida  privilegiada, pienso en Danilo y un soplo de aire fresco con aroma a mar caribeño llena mi ánimo.

Quiero que este texto sea un homenaje a un héroe anónimo, a un hombre necesario, a un ser luminoso.

Descanse en paz.

 

 

 

 

Un pensamiento en “DANILO

  1. Danilo gozó del amor, tuvo coraje ante la adversidad y le alumbró la fe. Por eso su viaje por este mundo mereció la pena. Le doy gracias a Dios por su amistad.

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