EL DIARIO DEL NOMADA: PASEO POR HUESCA

Hacía mucho tiempo que no contemplaba un arco iris tan grande, tan hermoso; mañana de lluvia débil e irregular y un sol joven enviando su potente luz desde el horizonte,  creando esta belleza semicircular, alta y extensa. Uno de los extremos se hunde en la tierra en un alarde cromático de transparencia fantasmal, está ahí pero no existe. Voy conduciendo por la autovía camino de Huesca, no puedo detenerme para contemplarlo como yo quisiera. Esa belleza, la belleza de lo intangible, me emociona. Su fuerza depende de esa realidad intocable, de la paleta colorida que constituye su existencia inmaterial, de la brevedad de su vida, de su naturaleza efímera: en unos minutos habrá desaparecido.  

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