LA MEMORIA DEL NÓMADA. TSUKIJI: EL MAYOR MERCADO DE PESCADO DEL MUNDO

Llegué a Tokio al atardecer,  después de ver el monte Fuji en en el horizonte del paisaje, y confieso que sentí cierto agobio al entrar en esta grandísima ciudad en la que viven apelmazados más de 12 millones de personas. Al otro lado de la ventana aparecían grandes avenidas, calles lineales, espacios verdes,  vehículos circulando en calzadas de aspecto futurista, situadas a varios niveles unas sobre las otras, y edificios apiñados con aspecto de enormes colmenas.

Había una gran lista de lugares que visitar y la entrada en aquél aparente maremágnum me provocó inquietud. A pesar de no ser nuevo en la actividad de recorrer el mundo, el «fácil» y el «complejo»,  tuve la sensación de dificultad para ubicarme, desplazarme e, incluso, hacerme entender porque según la información que había recogido no son habituales los japoneses que hablan o chapurrean inglés u otros idiomas y yo, desgraciadamente, no hablo japonés.

Al día siguiente pude comprobar que es tremendamente sencillo moverse por Tokio, existe una excelente red de metro y ferrocarril urbano, hay muy buena iconografía que orienta perfectamente al extranjero y los japoneses, aunque efectivamente pocos pueden comunicarse en otros idiomas que no sea el suyo, se desviven por cuidar al visitante.

ALREDEDORES DEL MERCADO DE TSUKIJI
ALREDEDORES DEL MERCADO DE TSUKIJI

Siempre me ha fascinado la biología marina, los seres que viven en ese otro mundo, bajo la superficie de océanos y mares y que tienen  miles de formas, aspectos, colores y comportamientos biológicos, desde lo más sencillo a lo más complejo. Por eso los mercados de pescados de las ciudades costeras son de una variedad y colorido espectacular y allí me encanta perderme y fisgar, también comer, todo ese mundo subacuático.

El pescado ha sido decisivo en la dieta alimenticia del japonés. En la actualidad consumen alrededor de 7,3 millones de toneladas al año, un 79% destinadas a alimentación (unos 30 kgr por japonés y año) y un 21% para piensos y fertilizantes. Ahora, las personas más jóvenes, menores de 40 años, prefieren ingerir carne como proteína animal, no así en los mayores de 60 años que comen 3 veces más pescado que aquellos.

En España, en comparación, comemos 22 kgr de pescado y 100 kgr de carne, por persona y año.

En una ciudad de casi 13 millones de personas el mercado central de pescados es un auténtico espectáculo y por lo tanto una obligación visitarlo. Con el metro, inmaculadamente limpio y de puntualidad exacta,  y un pequeño paseo se llega con mucha facilidad a la gran lonja de Tsukiji.

Los puristas de la visita integral van antes de las 5 de la mañana para estar presentes en las subastas; pero la entrada solo está garantizada a un pequeño número diario, se trata de una actividad mercantil privada a la que no está invitado el gran público.

Sin embargo no es necesario madrugar tanto, la cantidad de pescado es tan grande y tan variada que incluso más tarde, a una hora razonable, el espectáculo está garantizado.

Huele a mar, a iodo, como en la misma orilla marina. El suelo está mojado; muy limpio, sí, pero al fin y al cabo es agua proveniente de lavar mostradores de pescado, muchos de los comerciantes riegan su espacio y los pasillos con mangueras y una buena manera de alejar a los grupos de turistas es utilizar el chorro como arma disuasiva. Es un lugar muy grande, con una actividad comercial  frenética y es necesario estar atento a los carros motorizados que recorren los pasillos a toda velocidad. Hay también alguna hostilidad hacia los fotógrafos, sobre todo si utilizan, está prohibido, el flash. Como en todos los lugares una buena dosis de respeto y la petición de permiso para fotografiar evita problemas e incluso consigue lo que la reglamentación prohíbe.

PEZ LUNA

Una vez asumidos los peligros de los zapatos empapados, las  mangueras, los carros y las miradas escasamente  amistosas (pocas, es verdad), se puede pasar una mañana entera entretenido en contemplar la gran cantidad y variedad de peces, cefalópodos y moluscos de todas las formas, tamaños y colores posibles. La fauna humana es tan rica como la marina y vendedores y clientes son también objeto de culto.

Alrededor del núcleo fundamental del mercado, en las calles de acceso, hay multitud de restaurantes y tabernas en donde se puede comer pescado y marisco en todas sus variantes, sobre todo sushi y sashimi. Hay también tiendas de espectaculares cuchillos de diferentes tamaños con los que obtener los cortes finos y perfectos del pescado y una gran cantidad de pequeñas tiendas con materiales de todo tipo.

En un pequeño mostrador abierto a la calle un cocinero se afana sobre un molusco, parece una vieira, sobre una rejilla metálica a base de soplete y pinzas. Poco a poco consigue abrirla y la cocina de esta curiosa manera.

Estimulados por el espectáculo mis amigos buscan una taberna en la que comer pescado crudo, nosotros optamos por un minúsculo lugar en el que tomar un cuenco de humeante, contundente e imprescindible ramen, sorbiendo ruidosamente los fideos como mandan las buenas normas de educación.

MERCADO DE TSUJIKI. IZAKAYA

© CHUAN ORUS 2021

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