LA MEMORIA DEL NÓMADA: BIRMANIA (y IV)

«Ningún hombre es tan tonto para desear la guerra y no la paz, porque en la paz los hijos llevan a sus padres a la tumba y en la guerra son los padres quienes llevan a sus hijos a la tumba»

Herodoto

El pueblo birmano está contento. Las elecciones han sido ganadas por el LND, la Liga Nacional para la Democracia, con Aung San Suu Kyi como cabeza visible, «La Dama» como es conocida por aquí.Sin embargo, una cuarta parte de los escaños del parlamento están reservados por la constitución para los militares, ellos la redactaron,  y no puede ser presidente de la nación cualquier birmano que esté casado con un extranjero o que tenga hijos nacidos en otro país. La Dama estuvo casada, enviudó, con un británico y tiene dos hijos de la misma nacionalidad.

Aung San Suu Kyi es hija del mítico general Bogyoke Aung San considerado héroe nacional por la mayoría de la población. Luchador incansable por la independencia del país, tuvo un destacado papel con los aliados en la lucha contra los japoneses en la II Guerra Mundial. Después de una actuación decisiva en la negociación para la independencia fue asesinado el 19 de julio de 1947 junto con seis de sus colaboradores. Poco después, el 4 de enero de 1948 Birmania era independiente.

BOGYOKE AUNG SAN

Pero un gran número de grupos, de diferentes ideologías y tendencias, diversas etnias, ejércitos privados, algunos apoyados por potencias extranjeras, bandas de la resistencia residuales a la II Guerra Mundial y una pléyade de grupúsculos insurrectos, complicaron mucho la labor del primer gobierno birmano en este caos que desintegraba el país. Todo se alteró hasta 1951 cuando se restableció un precario control en la mayor parte de Birmania.

La realidad fue una pesadilla. La nefasta tendencia económica obligó  a que se cediera el poder a los militares. El general Ne Win lideró el gobierno militar. En un primer momento las cosas fueron bien hasta las elecciones de 1960  en las que Ne Win volvió a tomar las riendas del gobierno para perderlas en 1962 en las que un golpe militar se las arrebató.

La contestación popular tuvo como consecuencia una severa represión, muertes y cárcel. De inmediato murieron 100 estudiantes en una protesta pacífica en la Universidad de Yangon; se prohibieron los partidos políticos, se nacionalizaron el comercio y la industria;  comenzó una carrera de violación sistemática de los derechos humanos.

En 1988, 3000 personas murieron en una manifestación reprimida por el ejército. El mundo se posicionó aislando a Birmania.  EEEUU, Canadá y la Unión Europea impusieron sanciones económicas.

La Junta Militar había prometido elecciones. Estas se celebraron en 1990 y las ganó Aung San Suu Kyi con el partido LND con un apoyo en las urnas del 80%. Ante esos resultados los militares se negaron a ceder el poder. La Dama quedó en arresto domiciliario hasta 1995.

AUNG SAN SUU KYI, «LA DAMA»

En 2003 Aung San Suu Kyi y miembros del LND fueron atacados por grupos afines al gobierno en un conflicto que provocó 100 muertos. La líder volvió al arresto domiciliario.

La Revolución del Azafrán motivada, como causa última desbordante, por la subida del precio del combustible, se produjo en 2007. En las protestas murieron 30 personas.

De nuevo en 2010 hubo unas elecciones fraudulentas que ganaron los militares. La situación mejoró débilmente cuando un antiguo general, Thein Sein, fue nombrado presidente de un gobierno en el que participaron civiles. El LND consiguió algún escaño en el Parlamento. En noviembre de ese año, Aung San Suu Kyi fue liberada.

En 2012,  hubo algaradas callejeras; esta vez por motivos religiosos, luchas entre budistas y musulmanes, que dieron lugar a centenares de muertos.

Desde entonces, el camino hacia la apertura democrática, la estabilidad económica y el desarrollo de la nación parece que no tienen vuelta atrás. Las actuales elecciones, 2015, dan una clara victoria del LND con mayoría absoluta en el Parlamento y en el Senado. El ejército acepta el resultado, en parte porque se reservan un 25% de los escaños, los ministerios de Interior, Defensa, Policía y Fronteras, y el veto ante cualquier cambio que pueda realizarse en la constitución, además de otras ventajas. Sin embargo, tras la experiencia vivida por los birmanos, es un gran avance para este país.

Aung San Suu Kyi , en reconocimiento a su trayectoria personal y política, por su lucha por la democracia y libertad de su país, ha recibido multitud de premios internacionales. El más importante,  el Premio Nobel de la Paz en 1991.

Abandono Birmania cargado de sensaciones, después de vivir un corto espacio de tiempo, en este mundo tan diferente al habitual en el que vivo. Al volver, como en todos los viajes, sé que he avanzado en la  comprensión del ser humano, he llenado mi cabeza de paisajes, me he impregnado de otras culturas, soy más tolerante y más humilde.

Soy diferente al que llegó, espero que mejor.

PEGATINA DE PROPAGANDA DEL LND (FOTO JPB)

Y hoy, febrero de 2021, escribo esta memoria revisando apuntes, fotografías, datos, de aquél viaje de 2015 en el que pude vivir el momento histórico del cambio en Birmania, del triunfo de la entonces admirada mujer de aspecto frágil que fue capaz de enfrentarse, durante años, a la fuerza bruta de las juntas militares.

Un triste suceso empañó la imagen de La Dama.

Cuando en 2015 el LND consiguió el poder,  una serie de problemas basados en los conflictos étnicos fronterizos, el extremismo religioso y la minoría rohingyas, pusieron en cuestión la capacidad del nuevo gobierno de tener la habilidad necesaria para solucionarlos.

Los rohingyas son un grupo étnico musulmán asentado desde el siglo VII en la frontera de Birmania con Bangladés. Según la ONU son 800.000. Desde 1978, odiados por los budistas radicales, son perseguidos, recluidos en getos, expulsados de Birmania hacia Bangladés, Indonesia, Malasia y Tailandia donde no son recibidos. El mismo año, 2015, en el que el LND ganaba las elecciones y llenaba de esperanza el futuro, se encontraron más de 25.000 rohingyas en barcos a la deriva buscando un lugar de asilo que no lograron encontrar. Un pueblo maldito a quien no socorre nadie.

Llamó, llama, la atención el silencio de la Premio Nobel de la Paz. «Un problema interno de Myanmar» fue su máximo comentario. Un silencio, una falta de respuesta de una persona premiada al más alto nivel por su trayectoria en pos de la paz, la libertad y el entendimiento de las personas. La percepción de este conflicto humanitario es muy diferente en el interior de Birmania. Nyi Nyi, nuestro contacto allí, una culta y excelente persona, me contestó algo parecido cuando le pregunté su opinión por la crisis de esta desgraciada etnia: «Son terroristas, no son birmanos, que se vayan de aquí». Algo que una buena parte de los habitantes de Birmania comparten; los consideran inmigrantes ilegales de Bengala aunque su asentamiento desde hace siglos es en la zona fronteriza con Bangladés.

En la crisis humanitaria de los rohingyas la actitud del gobierno birmano fue condenada por diversos organismos internacionales y no se ha resuelto, sino todo lo contrario. Según Naciones Unidas ha habido una campaña de limpieza étnica llevada a cabo por los militares. Expulsados, en barcos a la deriva, confinados en el mayor campo de refugiados del mundo en Bangladés o todavía en Birmania, es uno de los problemas étnicos más graves que existen en el mundo y al que sólo, por el momento, se aplican como soluciones condenas de entidades internacionales. A pesar de todo, los propios rohingyas quieren que Ang San Suu Kyi esté en el poder porque esperan que algún día se ocupe de ellos ayudándoles.

De nuevo elecciones, el pasado 8 de noviembre de 2020, el LND con Aung San Suu Kyi se hizo con el poder con una mayoría absoluta. Pero, para sumar otro acto a la tragedia de Birmania, los militares salieron de sus cuarteles en la madrugada del lunes 1 de febrero de 2021. Bajo la sorprendente acusación de fraude en la última consulta popular, los militares, encabezados por el general Min Aung Hlaing, han tomado el poder, detenido a Aung San Suu Kyi, al presidente Win Myint, a varios ministros, a seguidores cercanos del LND, y a una serie de activistas y líderes estudiantiles. Han bloqueado internet y redes sociales.

El golpe, condenado por la ONU y la inmensa mayoría de las organizaciones internacionales, es un regreso a la dictadura en la que este país ha vivido durante decenas de años.  Como en otros golpes ocurridos en diversos países, los militares lo justifican por la necesidad de salvar la nación y prometen elecciones libres y plurales en cuanto acabe este periodo.

Las calles de las principales ciudades, sobre todo las de Yangón, se están llenando día tras día, de miles de personas protestando por el golpe militar y exigiendo la liberación de los detenidos. La historia de este país tiene un amargo recuerdo de las consecuencias finales de estas protestas populares.

La corta experiencia democrática, por el momento, ha concluido. Otro episodio más de la tragedia interminable de este bella nación.

© CHUAN ORUS 2021

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