LA MEMORIA DEL NÓMADA: BIRMANIA (III)

«Nuestro destino de viaje nunca es un lugar sino una nueva forma de ver las cosas»

Henri Miller

Hay un momento en los viajes en el que las amarras que te sujetan al origen se rompen, se diluyen,  y entonces el viajero se sumerge en una nueva realidad, como si viviera en un mundo paralelo oscureciendo, dejando dormido el otro. El pasado queda suspendido en el aire, sólo el presente, el nuevo presente, existe. Ese es el momento clave, cuando el viaje se convierte en la única realidad del viajero y eso lo diferencia de las vivencias del visitante, del turista.

El motor de la lancha produce un ruido repetitivo, un tableteo que puede ser molesto pero también adormecedor, incluso sedante. Es temprano, el día es muy luminoso y la superficie del agua es una lámina azulada, un espejo en el que se refleja el cielo. Más tarde hará mucho calor pero ahora el viento que nace de la velocidad de la lancha es fresco y muy agradable. Hundo los dedos de vez en cuando y siento el placer del tacto líquido. Hay lirios de agua dispersos, pescadores con sombreros cónicos, haciendo equilibrio sobre sus pequeñas barcas, manejando como artistas circenses el remo con la pierna, lanchas a motor que van y vienen transportando mercancías y personas, templos como manchas doradas en medio del espesor vegetal en las masas verdes que se alzan más allá de las orillas.

PESCADORES. LAGO INLE (FOTO JPB)

Estoy en el lago Inle, y me siento, hoy, ahora, el dueño del universo.

Vamos, por los caminos del agua, a visitar a personas que viven en palafitos, que tiene huertos con plantas que crecen directamente en el agua, que nacen, crecen y mueren en esta realidad húmeda, como seres anfibios, hermanados con los peces y las sirenas.

LAGO INLE (FOTO JPB)

El lago Inle tiene una forma ovalada, con límites irregulares, y una longitud de unos 22 km. Está rodeado de zonas pantanosas, sus márgenes son difusos, pequeños pueblos dispersos, canales que se adentran entre la vegetación hacia rincones de inmensa belleza, estupas doradas, templos y pagodas.

En una de sus orillas y a través de un camino de tierra llegamos a un impresionante cenotafio. La vegetación ha crecido salvaje entre las decenas de monumentos funerarios, muchos en franca ruina, dentro de los que aparecen estatuas de Buda deterioradas por el tiempo, en un ambiente que mezcla sensaciones entre la arqueología, la nostalgia y el misterio de estos restos de civilizaciones perdidas que poco a poco la vegetación y el olvido se encargan de destruir.

Hace mucho calor, grupos de niños juegan en el agua, entre los palafitos; como una manada de nutrias alegres se comportan como si fuera, realmente lo es, su medio natural. En un templo los gatos toman el sol perezosos,  son los dueños del recinto sagrado. Los pescadores siguen remando con una de sus piernas sabiendo que son los únicos artistas de este circo universal que dominan este arte.

En los mercados rurales se ven grupos de personas con una similar manera en su vestuario que, a su vez, es diferente al de otros. Una de las características, también uno de los problemas, de Birmania es la existencia de numerosas etnias, cada una con sus costumbres peculiares, sus zonas de asentamiento, sus idiomas. El gobierno birmano reconoce oficialmente 135 etnias que se agrupan en 8 principales: bamar, san, mon, karen, kayah, chin, kachin y rahkine. Cada una con sus usos y costumbres, con sus dialectos peculiares, con una convivencia difícil, a veces conflictiva, entre sí. Sus áreas territoriales suelen estar en zonas fronterizas, algunas cercanas a los países de los que provienen; un espíritu independentista y el uso de armas para defender sus territorios han marcado épocas de serios conflictos.

En la etnia Kayan existe la costumbre de colocar anillos metálicos en el cuello de las mujeres cuando cumplen los 5 años. Progresivamente se van colocando más anillos hasta que alcanzan la edad del final del desarrollo físico, sobre los 12 o 13 años. Son las denominadas «mujeres jirafa». Existen varias teorías que intentan explicar el origen de este comportamiento pero no se sabe con exactitud el porqué de esta costumbre. Sí que hay un debate abierto sobre la actitud ética de los viajeros que van a los lugares en los que se exhiben para la vender sus productos artesanales, ser fotografiadas y recibir alguna cantidad de dinero. La etnia Kayan proviene de Gobi, Mongolia, y se asentó en Birmania. En la Revolución del Azafrán muchos miembros Kayan huyeron a Tailandia.

MUJER KAYAN (FOTO JPB)

Desde 2009 ACNUR opina que esta forma de turismo vulnera los derechos humanos. Alguna ONG propone dejar de visitar estos lugares. Sin embargo los Kayan argumentan que esta forma de obtener dinero puede ser la única alternativa que algunos tienen para sobrevivir. Sea como sea, el hecho de su existencia está ahí, como también la reflexión sobre la conveniencia de que el viajero se implique en este debate.

El mundo, con todos sus millones de etnias y circunstancias,  sigue girando imparable e impasible. Siguiendo el círculo del cielo existen otros en los que se escuchan idiomas diferentes, se reza a otros dioses, se vive de otras maneras. Solo el nacimiento y la muerte nos iguala.

Aquí y ahora este peculiar mundo nos acoge y nos abraza.

Desde lo alto del templo budista, Shewessandaw Paya en Bagan, compruebo que es cierta la frase de Marco Polo; esto que yo contemplo, lo que el veneciano contemplaba, es «uno de los espectáculos más bellos del mundo». Una extensa llanura en la que centenares de templos sobresalen entre la vegetación. Los reyes de Bagan encargaron la construcción de 4000. El tiempo, las guerras, la ruina, hicieron su labor y lo que vemos son los residuos de esta formidable y mágica historia.  Grandes, pequeños, dispersos en toda la gran extensión de la llanura, como si hubieran nacido y crecido tras una densa lluvia. Un espectáculo para disfrutar en silencio mientras el sol va escondiéndose en el horizonte llenando todo, hasta el viento, de tonos dorados. Para aplaudir cuando concluye, como decía Juan Goytisolo.

Marco Polo era sensiblemente certero.

BAGAN (FOTO JPB)

(Continúa en siguiente entrada)

© CHUAN ORUS 2021

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