Tiene el otoño en Zaragoza una crueldad de madrastra de mal genio. Un contraste de calles repletas de hojas muertas, de vegetales vencidos por las tardes breves y el frío, de árboles amarillentos
Tiene el otoño en Zaragoza una crueldad de madrastra de mal genio. Un contraste de calles repletas de hojas muertas, de vegetales vencidos por las tardes breves y el frío, de árboles amarillentos