GUERRILLEROS ARAGONESES EN COLOMBIA- Tras las huellas de Camilo Torres (y III)

Cuatro años después de la muerte de Camilo Torres la guerrilla del ELN recibía a unos sacerdotes que, además, eran extranjeros. Comenzó para ellos una nueva vida llena de dificultades.

Manuel relata

su temor a múltiples cuestiones, desde las eminentemente prácticas a la angustia y debate interno que le producen sus propias convicciones. Habla de una serie de crisis por las que atraviesa en sus primeros tiempos en la guerrilla.

MANUEL PEREZ SACERDOTE

MANUEL SACERDOTE

Por una parte por su torpeza, dice que le cuesta todo mucho y  piensa que podía ser más útil fuera de allí. Le costaban las guardias, los trabajos de cocina, la fatiga y la rutina de caminar y caminar. Por otra se encontraba aislado en un anonimato, era uno más en la guerrilla, echaba de menos el mundo en el que era el sacerdote de un colectivo, ese mundo en el que no era uno más, y eso lo vivía, según sus palabras como “…proceso muy doloroso”.  Pero sobre todo entró en una profunda crisis  al tener una gran dificultad para encontrar de inmediato  el sentido de todo aquello. Luego, tras los combates, las actividades políticas con los campesinos y la ayuda al estudio que prestaba a sus compañeros de guerrilla fue superando sus dudas y temores.

MANUEL PEREZ

MANUEL PEREZ GUERRILLERO

Es muy fácil imaginar el gran debate interno que los tres sacerdotes sufrieron en esa opción por la violencia. Y más aún cuando dejó de ser una especulación teórica para ser una realidad, encontrarse un día con el fusil entre los brazos y frente al “enemigo”.

El día que yo llegué a la guerrilla tenía una gran convicción en la necesidad de la lucha armada, pero realmente eso era algo muy incipiente. Acompañando al pueblo habíamos llegado a convencernos, había sido muy larga la reflexión de los tres hasta dar aquel paso. Pero una cosa es la convicción y otra la realidad…

Progresivamente fueron cambiando sus esquemas, las percepciones del mundo, sus creencias, su fe.

Se siguieron rompiendo muchas cosas en mi vida de fe. En un sentido muy profundo yo encontraba la motivación para la vida de combatiente en mi fe. Con el tiempo crecía mi fe en el pueblo y en los compañeros…al principio a ese compromiso lo había llamado encarnación, ahora le llamaba identificación. El pueblo colombiano era el que sostenía en últimas mis esperanzas…¿Cambié a Dios por el pueblo? ¿Perdí mi fe en Dios? Para mi fue una transformación. Yo diría que no perdí nada, sino que gané la fe en un sentido mucho más profundo…Yo tenía de Dios una idea muy abstracta…aquí Dios se me hizo el pueblo, el pueblo y mis compañeros. Esa transformación me pareció una ganancia. Gané la fe y encontré esperanza”.

JOSE ANTONIO JIMENEZ

JOSE ANTONIO JIMENEZ

Al parecer José Antonio era el más reflexivo de los tres. Muy crítico con las cosas  extendía esa visión cuestionadora a muchos aspectos de la guerrilla y de la eficacia de su compromiso con ese mundo. Era diez años mayor que Domingo y Manuel. Fue tarde al Seminario, cuando ya tenía 25 años,  hasta entonces era empleado de banca, tenía novia y proyectos de formar una familia. Todo aquello lo dejó para seguir su vocación religiosa con un fuerte compromiso de entrega a los pobres.

A pesar de pertenecer a la guerrilla José Antonio nunca entró en combate. Antes de cumplir un año de su ingreso murió en una marcha por la montaña. Se sintió súbitamente mal y cayó desvanecido muriendo en pocos minutos.

DOMINGO LAÍN

DOMINGO LAÍN

Domingo y Manuel se separaron, andaban en diferentes partidas guerrilleras y se veían muy pocas veces. En 1974 Domingo murió en un combate al intentar recuperar un arma.

Desde la llegada a la guerrilla hasta la muerte de Domingo dice Manuel que “…habían pasado muchas cosas, muchos problemas. Yo empecé a sentir una necesidad casi angustiosa de reencontrarme con Domingo, tenía necesidad de reflexionar con él. Porque había cosas que solamente las podía conversar con él…”. Pero nunca  pudo hacerlo.

La muertes de sus dos amigos supuso para Manuel una gran zozobra: “…la muerte de José Antonio y después la de Domingo fueron una prueba muy grande para mi fe y para mi esperanza porque yo los quise mucho a los dos y a los dos los necesitaba…”. A partir de allí Manuel se quedó solo con sus reflexiones, con sus dudas, con sus contradicciones, en medio de sus compañeros guerrilleros. Y solo también físicamente porque tras un combate con el ejército quedó desorientado y perdido, su gran preocupación por su confesada y manifiesta torpeza para orientarse.

CURA PEREZ

COMANDANTE POLIARCO

Estuvo tres meses perdido  en una gran de extensión selva inaccesible. Con ayuda de algún campesino y su inmensa fuerza de voluntad logró conectar con la guerrilla. En memoria y agradecimiento a uno de los campesinos que le ayudó adoptaría luego el nombre de “Poliarco”. Este suceso y los sucesivos enfrentamientos con el ejército fueron curtiendo su personalidad de guerrillero.

No dejó de lado su identidad como sacerdote “…al principio, cuando era un combatiente más en la guerrilla, sí celebré los sacramentos. Algunos compañeros me pedían que yo les bautizara a sus hijos y lo hacía, explicándoles el compromiso que significaba ese acto dentro de nuestro ideal revolucionario…misas de difuntos he hecho. Y también he celebrado matrimonios de compañeros…” aunque era consciente de que “…el día que entré en la guerrilla salí de ese camino de la Iglesia oficial, pero nadie dijo: él está fuera…” .

MANUEL PEREZ GUERRILLERO

EL CURA PEREZ

Manuel refiere que tras un combate en enero de 1972 pensó en celebrar una misa con la población de Remedios, el lugar donde se había producido la lucha. Pidió permiso al párroco pero éste no se lo dio. Entonces reunió a los habitantes del pueblo y les dijo que era sacerdote, les explicó “qué sentido tenía que un sacerdote estuviera en la guerrilla”, les habló de Camilo Torres y les dio la bendición.

Pero su propia trayectoria le fue alejando del concepto tradicional del sacerdote aunque nunca renunció a serlo. Manuel llegó a ser dirigente en la organización guerrillera y en ese momento “…mi papel fundamental ahora es ser dirigente político de una organización revolucionaria y procuro no actuar como sacerdote porque eso puede ser utilizado por algunos y ésta no es una organización cristiana, es una organización política. Y yo como responsable de esa organización no puedo dar pie a ninguna ambigüedad…”.

Manuel ya no regresó a España. Nunca más volvió a ver a sus padres. Se publicó en la prensa que El Cura Pérez, “el Comandante Poliarco”, había muerto en un enfrentamiento con el ejército colombiano. Su padre ya había fallecido pero la madre vivió sus últimos años con el sufrimiento de la supuesta muerte de su hijo. No hubo manera de saber si la noticia era cierta hasta una carta de Manuel desmintió su muerte. Y en 1991 su hermano Francisco pudo ir hasta Colombia y de manera clandestina encontrarse y pasar unos emotivos días con Manuel en un lugar secreto.

Después  nunca más volvieron a verse.

El Cura Pérez siguió como máximo dirigente del ELN, el segundo grupo guerrillero más grande de Colombia, y en sus últimos tres años, tras problemas internos en los que representaba una línea más política y humanista enfrentada a otros con criterios militares más duros, buscó el acercamiento con el gobierno Colombiano para llegar a un acuerdo de paz. El Preacuerdo de Paz de Viana, firmado en Madrid en 1998 , llevó su inspiración.

Enfermo de hepatitis murió en las montañas de la provincia colombiana de Santander un 14 de febrero de 1998 y allí fue enterrado.

En julio de 2013 se estrenó el documental “Liberación o muerte: tres curas en la guerrilla colombiana” dirigido por Yolanda Liesa y Francisco Palacios. En la XI Muestra de Cine y Derechos Humanos de Caja Inmaculada celebrado en Zaragoza ha sido elegido por el público como la mejor película.

Terroristas para unos, comprometidos hasta sus últimas consecuencias con la causa de la justicia y la libertad de los más pobres para otros, es cierto que dejaron su medio, sus familias, su patria, la vida cómoda en España, para asumir todo, hasta la entrega de sus vidas por sus creencias y compromiso. Su idealismo extremo, la visión radical de sus convicciones religiosas, los llevaron a la senda, no exenta de angustias y contradicciones, de la opción violenta.

El dirigente del ELN Nicolás Rodriguez Bautista, en una entrevista en 2011 dijo de Manuel Pérez:

Manuel fue un hombre de gran sensibilidad humana y profundas convicciones revolucionarias, su amor a los desposeídos era infinito, pienso que amó profundamente a su prójimo como auténtico cristiano y estuvo a hacer todo lo necesario para cumplir con ello. Para seguir los pasos de Camilo llegó a América y luego a Colombia para entregar aquí su juventud y su vida”.

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NICOLAS RODRIGUEZ “GABINO”

Hoy todos los movimientos guerrilleros buscan la paz, la salida de la violencia hacia una lucha por la justicia alejada de las armas. Es posible que algún día cese tanto  dolor y que en parte sea el fruto de la semilla que aquellos hombres enterraron con sus vidas.

 

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