GUERRILLEROS ARAGONESES EN COLOMBIA- TRAS LAS HUELLAS DE CAMILO TORRES (II)

Camilo Torres Restrepo nació en Bogotá un 3 de febrero de 1929 en el seno de una acomodada familia. Comenzó estudios de Derecho que abandonó enseguida para ingresar en el Seminario

Conciliar en donde permaneció 7 años tras los cuales fue ordenado sacerdote en 1954.
Desde el comienzo de su vida de estudiante se interesó por el mundo de la pobreza y los desequilibrios sociales que analizó en profundidad con la óptica de su fe cristiana. Viajó a Bélgica en donde obtuvo el doctorado en Sociología en la Universidad Católica de Lovaina siendo su tesis doctoral “Una aproximación estadística a la realidad socioeconómica de Bogotá”.

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CAMILO TORRES RESTREPO

En 1959 regresó a Colombia en donde ejerció como profesor en el Departamento de Sociología de la Facultad de Ciencias Económicas. En 1960 creó la Facultad de Sociología de América Latina de la Universidad Nacional. Su ministerio sacerdotal lo ejerció como capellán auxiliar de la propia universidad. En estos años, junto con compañeros profesores y alumnos, comenzó una intensa actividad en los barrios de Bogotá. En 1963 se celebró en la capital colombiana el primer Congreso Nacional de Sociología, que él presidió, y donde presentó un trabajo titulado “La violencia y los cambios socioculturales en las áreas rurales colombianas”.
Fundó  el Frente Unido, reacción al Frente Nacional, una coalición de los partidos Liberal y Conservador. El Frente Unido llegó a ser el brazo político del Ejército de Liberación Nacional (ELN).
Al final se enroló en la guerrilla del ELN y murió en el primer combate en el que participó, el 15 de febrero de 1966 en Patio Cemento.
En esos momentos su nombre, su pensamiento, sus actividades sociales y su opción por la guerrilla trascendieron de Colombia, llegando envueltas en el núcleo de la Teología de la Liberación e influyeron decisivamente en otros ámbitos sociales tanto latinoamericanos como europeos. Camilo fue ya un símbolo, una leyenda. Es el tiempo en el que se debatía la conjunción marxismo-cristianismo, en el que se afirmaba que un cristiano tiene el deber de tomar un fusil para defender la justicia.
Su muerte llegó en el momento en el que Manuel Pérez, Domingo Laín y José Antonio Jiménez se encontraban en el Seminario Hispanoamericano preparándose para ser misioneros de la Iglesia Católica. Ese mismo año fueron ordenados sacerdotes.
Los tiempos de Getafe fueron la escuela primaria en la percepción de su forma ideal de existencia. Vida en un piso alquilado en la profundidad de un barrio obrero, trabajo en una fábrica, convivencia y dinamización de los habitantes de la barriada y distanciamiento de la Jerarquía Eclesiástica conservadora y los poderes gubernamentales.
Al final, en 1967 Domingo fue a Colombia y Manuel y José Antonio llegaron a la República Dominicana donde los destinaron a una zona miserable, el suroeste, junto a la frontera con Haití. Conocieron entonces, de primera mano, una pobreza, violencia e injusticia social incomparable a lo que hasta entonces habían vivido. Su trabajo en las comunidades en las que vivieron hizo que fueran amenazados, detenidos, acusados de comunistas y subversivos. Fue en esa época cuando murió el Che “…la muerte del Che fue como si algo se hubiera roto. Pero lo que más nos tocó de él era ver una persona que después de la lucha llega a ser ministro y es capaz de renunciar a todo y arrancar otra vez. Ese compromiso, decíamos, eso sí que es encarnación de verdad…”. El obispo de la zona, un norteamericano, Monseñor Reilly, no sólo no los apoyó sino que les sugirió que se fueran.
Al final decidieron marchar. Domingo acudió a la R. Dominicana en donde les contó que el Cardenal Concha de Bogotá, que ya tragó lo suyo con Camilo Torres, quería que se fuera por su actividad social. Sin embargo los tres eran aceptados por el obispo de la diócesis colombiana de Cartagena, Monseñor Isaza, para trabajar en una parroquia a donde llegaron en noviembre de 1967. Consiguieron vivir en un barrio de Cartagena y, con dificultades “…¿Padres que quieren trabajar? ¡Serán comunistas!…” encontrar trabajo para ganarse la vida rechazando y devolviendo el dinero que de vez en cuando el obispo les enviaba.
La estela que Camilo Torres había dejado en Colombia fue el estímulo para la creación del movimiento GOLCONDA que presidía un obispo, Monseñor Valencia Cano y se componía de unos 50 sacerdotes colombianos pero con proyección a toda la iglesia latinoamericana. Un documento público firmado por 49 sacerdotes y el Obispo Valencia en el que se propugnaba una opción por el socialismo tuvo una gran repercusión aunque una buena parte de la Iglesia Colombiana se aferraba a las posturas más conservadoras.
Movilizaciones sociales, participación en protestas, en huelgas…fueron encarcelados, acusados de comunistas, de guerrilleros ”…en aquella época, en Colombia, ser revolucionario era ser guerrillero…” y al final de muchas vicisitudes se decretó su expulsión del país.
Vimos claro que el paso siguiente que teníamos que dar era pasar a la clandestinidad. Y que esa clandestinidad debía de ser la lucha armada. Si a cualquier colombiano le hubiera pasado lo que a nosotros y no daba ese paso se le tacharía de no ser consecuente. Analizamos el Evangelio y miramos cómo Jesús había sido consecuente hasta el final y cómo no huyó cuando se vio cara a la muerte. Analizamos lo que había hecho Camilo y hablamos de aquel amor eficaz del que siempre habló Camilo. El amor eficaz nos lleva a no ser pasivos, a aceptar la muerte incluso, pero nunca pasivos”.
En 72 horas debían de subir a un barco camino de España. Decidieron que Domingo no viajase y tratara de contactar con la guerrilla del ELN. José Antonio y Manuel no llegaron a la península, se quedaron en las Islas Canarias hasta que consiguieron dinero para comprar los pasajes y volver a Latinoamérica. Al no poder regresar a Colombia llegaron a Curaçao y de allí, de nuevo, a la República Dominicana de donde fueron inmediatamente deportados.
Los tres llegaron a España ya que Domingo Laín había sido detenido por la policía colombiana y expulsado del país.
Mantuvieron una entrevista con el arzobispo de Zaragoza, Monseñor Pedro Cantero, que les quiso enviar a meditar a un monasterio de cartujos, La Cartuja de Aula Dei muy cerca de Zaragoza, pero hábilmente le convencieron de hacerlo con los Compañeros de Jesús en Francia, unos religiosos dedicados a trabajo social con los que se identificaban más que con los frailes de vida contemplativa. Era el año 1968 y durante su estancia francesa vivieron de lleno la efervescencia de la sociedad convulsionada por los sucesos de mayo. Sin embargo ni les impresionó ni le prestaron demasiado interés, las cosas en Europa son tan diferentes a las nuestras!, decían y, por otra parte, su único pensamiento era buscar la forma de volver a Colombia.
Se reunieron, después de su estancia francesa, con sus familiares y les comunicaron que volvían a Colombia. A los hermanos les dijeron que iban a integrarse en la guerrilla y les pidieron que más tarde tratasen de explicarlo a los padres a los que ya no volverían a ver nunca más.
Cada uno por su cuenta volvió de forma clandestina a Colombia y se encontraron de nuevo, ya era 1969, en el seno de la guerrilla del ELN.

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GUERRILLEROS DEL ELN

 

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