VIAJE A LA HABANA (II)

 

 

En una esquina de la Plaza Vieja de La Habana hay un comercio de café, tabaco y ron. Estos productos se venden en la planta baja y por una escalerita se sube al piso superior ocupado por una pequeña cafetería, apenas tres mesas y una barra con dos taburetes.

Paramos allá a descansar tomando un café de aroma insuperable y sabor exquisito. El único encargado del negocio, que igual vendía unos Cohibas abajo que manejaba la cafetera arriba, nos dejó tranquilos con nuestra consumición y bajó hasta la puerta de la entrada en cuyo quicio se apoyó distrayéndose contemplando el movimiento en la plaza.

Al poco apareció por allá un cliente con el que estableció una curiosa, para nosotros, conversación:

–         Buenos días señor.

–         Buenos días caballero. Qué se le ofrece?

–         Me va usted a perdonar que le moleste pero me gustaría tomar un café.

–         No tengo nada que perdonarle y para mí no será una molestia sino un auténtico placer. Suba conmigo y verá qué rico café le voy a preparar.

–         No sabe usted lo que agradeceré su atención.

–         No tiene usted nada que agradecer, estoy aquí para servirle. Pase por favor.

–         Detrás de usted caballero y repito mi agradecimiento.

Y allá aparecieron los dos protagonistas de esta breve pero intensa conversación. El cliente se acomodó en uno de los taburetes de la pequeña barra y al momento estaba degustando el café que su interlocutor le preparó. Siguieron conversando durante mucho rato y cuando marchamos de allí aún seguía el palique de manera totalmente relajada.

Recordando aquello esta mañana he entrado antes del trabajo en el bar habitual y me he propuesto ser así, calmado y educado.

–         Carlos, perdona que te moleste…

Y Carlos ha puesto cara de asombro esperando con la bayeta en una mano y dos tazas sucias en la otra que yo siguiera

–         Que digo que perdona que te moleste pero me gustaría tomar un café.

–         Qué te pasa?

–         No…que me gustaría tomar un café pero quiero que me perdones la molestia…

–         Estás tonto o qué?

Me ha dejado con la palabra en la boca y dando media vuelta se ha ido hacia la cafetera mientras echaba las tazas en el fregadero, pasaba la bayeta sobre el acero de la barra y acercaba un zumo a un habitual malcarado con pintas de haber dormido mal.

 

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CALLES DE LA HABANA VIEJA

CALLES DE LA HABANA VIEJA

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