EL DIARIO DE MAQROLL: POR LOS CAMINOS DEL NORTE (V)

Pregunto al dueño de la casa rural en la que nos alojamos por dónde llego a San Andrés de Teixido y me señala una pequeña carretera.
— Tire p’ allá, hasta aquellas casas…
— ¿Y después?

— Hay una carretera que sube y baja.
— Y yo ¿subo o bajo?
— Lo que quiera…
— Pero quiero ir a San Andrés.
— Pues eso, p’ allá.

Desisto. Al poco de iniciar la carretera hay otras que van a la derecha y a la izquierda, unas que suben y otras que bajan. Ninguna indicación. Pregunto a un individuo que pasea junto a un precioso campo de maíz. Me contesta con exactitud y sin acento gallego. Al poco encontramos un desvío en el que, ahora sí, hay un indicador que inequívocamente orienta hacia San Andrés de Teixido.

SAN ANDRES DE TEIXIDO

SAN ANDRES DE TEIXIDO

Llegamos atravesando la sierra de La Capelada entre lluvia intermitente y espesa niebla entre la que se intuyen caballos salvajes y emergen, como grupos de fantasmas, bosques de castaños y eucaliptus.

Galicia en estado puro.

En la pequeña plaza junto al edificio de la iglesia hay varios puestos de venta de recuerdos. Nos llaman la atención los exvotos que venden junto a velas, rosarios, hierba de enamorar, figuras hechas con miga de pan y otros objetos más o menos atractivos. Los exvotos son bastante cutres, plástico amarillento con forma de piernas, cabezas, brazos…y están en pequeños montoncitos sobre la mesa del tenderete o en cestas o cajas de madera en el suelo. Estoy tentado de comprar alguno que tenga forma de espalda, por mis asuntos dolorosos, a ver si…pero resisto la tentación. Es la condena de los incrédulos, hay soluciones de las que jamás podremos disfrutar.

Junto a la iglesia hay una pequeña cripta en la que varias personas están sentadas en los bancos, quietas como estatuas. En la pared frontal de piedra viva hay una cruz casi oculta por tener adheridas centenares de pequeñas fotografías que desbordan el signo sagrado y se van extendiendo entre las piedras, como si nacieran de sus grietas. En el suelo multitud de cirios ardiendo y a su lado un montón de exvotos. Hay silencio y fervor, gentes diversas que entran y salen, penumbra y algo de magia potenciada por la luz rojiza de las velas, los rostros congelados de las fotografías y el tinte amarillento de los exvotos de plástico.

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CRIPTA. S. ANDRES DE TEIXIDO (Foto Javier Pardo)

 

Afuera, un cruceiro se alza sobre la pendiente vegetal intensamente verde que acaba en el mar. Desde allí se ve el cementerio encerrado entre árboles, rodeado de campos y praderas. Más allá, altos acantilados en los que rompe el oleaje y donde crecen los percebes que ofertan en varios restaurantes locales. Las mesas de los soportales están llenas de personas que a esta hora, 11,30 de la mañana, comen percebes y beben ribeiro. Nosotros, secos iberos, tomamos un café cortado porque, nos arrepentiremos después, todavía “no es hora”.

CRUCERO

CRUCERO (Foto Javier Pardo)

 

SAN ANDRES 8

PAÑOS. SAN ANDRES DE TEIXIDO (Foto Javier Pardo)

 

Por el camino que lleva a la fuente de agua milagrosa hay un cercado lleno de pañuelos y bolsas de plástico, todos blancos, atados sobre los alambres. Pregunto a una señora mayor, inequívocamente gallega, vestida de negro y aspecto de sabia. Me dice que son los “paños”, y que atarlos allí, “enxogar o pano”, es una tradición propia de toda Galicia que se relaciona con la purificación que el agua puede ejercer sobre el cuerpo al lavarse; de esta manera la tela, el pañuelo con el que se ha lavado la piel, ha recibido el mal. Enxogar el pano es desprenderse de él, dejar el mal colgado en el alambre o en las ramas de los arbustos o de los árboles.

Me lo dice de otra manera pero esta es la conclusión que yo saco. Me pasa con esto de los paños lo mismo que con los exvotos, aunque yo dejase alguno colgado por aquí no funcionaría. Una pena.

Llego a la fuente en la que, según la tradición, hay que beber mientras se apoya la mano en la pared de la que manan tres caños. Un cartel avisa de que el agua no es potable y hay una piedra en la que está grabada la fecha y autoría de la construcción. Estoy solo pero cuando voy a intentar beber, más por sed que por búsqueda de milagro, noto la presencia de alguien que me observa. Es un hombre de aspecto muy extraño, sumamente delgado, con la piel muy blanca, casi transparente, y una vestimenta arrugada, holgada, que parece que le cuelga de su cuerpo flaco. Está sentado en lo alto de la pared de donde sale el agua.

 

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FUENTE. SAN ANDRES DE TEIXIDO (Foto Javier Pardo)

 

— Buenos días señor. Iba a beber pero veo que no es potable.
— No se preocupe, beba, beba…yo ya bebí.
— Pues, no sé…
— Pues haga lo que quiera ¡qué quiere que le diga!
— Ya…¿y es usted de por aquí? —intento pegar la hebra, a ver si se vuelve un poco más simpático.
— De la parte de Ourense.
— ¿Y está de visita, de turismo?
— Claro, no vine antes…
— Yo tampoco, no lo conocía.
— Pero no es lo mismo.
— ¿Cómo que no es lo mismo?

El hombrecillo no contesta, da un salto y se aleja hacia el bosque cercano caminando de una manera rara, como si flotase sobre el suelo. Antes de perderse en la espesura se vuelve, me mira y dice casi gritando:

— ¿No sabe que a San Andrés de Teixido vai de morto o que non foi de vivo? Como no vine antes he tenido que venir ahora.

Y se desvanece como la niebla entre los eucaliptus, tejos y castaños.

Noto como se eriza mi piel y decido que ahora beberé agua de la fuente y luego subiré a la plaza, tomaré un orujo y buscaré el exvoto apropiado para ponerlo junto con una vela bien grande a los pies de San Andrés con el ruego de que me quite el dolor de la espalda, que se acuerde de que ya he estado y no me haga venir cuando ya no tenga ninguna gana de moverme.

Galicia en estado puro.

 

 

SAN ANDRES 2

SAN ANDRES DE TEIXIDO (Foto Javier Pardo)

 

2 pensamientos en “EL DIARIO DE MAQROLL: POR LOS CAMINOS DEL NORTE (V)

  1. Gracias por revivir con tu texto momentos inolvidables.
    Tu carácter sensible sedujo a ese alma que abandonó por momentos a la santa compaña.
    Sospecho que también algún elfo se dejó ver a tus ojos.
    Un abrazo.
    Teresa.

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  2. Gracias Teresa. Cada vez que vuelvo al norte, a mi norte, me ocurren cosas …digamos extrañas. Aquí, en los secarrales de las orillas del Ebro casi nunca pasa nada. Aburrimiento total. Pero por allá es otra cosa. Habrá que ir de nuevo. A ver si un día te encuentro.
    Un abrazo.

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