EL DIARIO DE MAQROLL: EL MIEDO

De vegades la pau no és més que por: por de tu, por de mi, por dels homes que no volem la nit. De vegades la pau no és més que por.

(Raimon, Sobre la pau)

Fue el año 1977. A los convocados aquél día en un viejo cuartel militar junto al Ebro se nos dio un saco de lona para que metiésemos nuestras escasas pertenencias y nos agruparon en una sala. Un oficial con cara y voz de pocos amigos leyó en voz alta un extracto del Código de Justicia Militar nombrando diversos delitos y aplicándoles la pena correspondiente. Varias de ellas eran “pena de muerte”. Además del desagrado que nos embargaba, no conocí a nadie que fuese alegre al obligatorio Servicio Militar, escuchar aquellas posibilidades por el oficial malcarado aumentó la presión del nudo corredizo que nos envolvía el cuello, por lo menos al mío. Junto a la perspectiva inmediata de dejar ciudad, trabajos, estudios, familia, amigos y novias para pasar más de un año en la otra punta de España, la pérdida de un largo tiempo en el que la vida personal se suspendía justo en el momento más decisivo y apasionado de la juventud, el temor que acompañaba a la vivencia de civiles en un régimen militar tal y como lo contaban los que habían vuelto de aquella experiencia, se sumaba la letanía de prisión de tales meses o años, incluso lo de “pena de muerte”.

El miedo es el mejor aliado del dictador y el peor compañero que puede tener alguien sometido a circunstancias de crisis o cambios. El miedo paraliza, bloquea, detiene el razonamiento, modifica razones, justifica actitudes, cambia personalidades. Es un buen método para lograr personas dóciles, obedientes, que olviden rebeldías y asuman las órdenes sin rechistar. Entonces funcionaba y ahora sigue funcionando.

En España lo sabemos bien. Durante siglos el miedo ha sido el arma que el estado, el poder, la religión, ha utilizado contra las personas para lograr una sociedad que no razone ni cuestione, que no sea crítica ni rebelde, que sea sumisa, esclava del temor.

En aquellos años emergía con fuerza el mundo de los cantautores. Una mezcla heterogénea de música, poesía, rebeldía y voz. Aquí y allá florecían hombres y mujeres, solos o en grupo, con una guitarra en las manos, un texto propio o ajeno y una voz.

No importaba demasiado la calidad, lo que primaba era el mensaje, en ocasiones panfletario. Muchas veces sus actuaciones en teatros, colegios mayores, aulas de universidad, parroquias, eran prohibidas por la autoridad competente.

Me gustaban, disfruto todavía hoy escuchando aquellas canciones, José Antonio Labordeta (cómo no!), Paco Ibañez, Adolfo Celdrán, Elisa Serna, Pablo Guerrero, Raimon, María del Mar Bonet, entre muchos otros, y un muchacho con buena voz, textos poéticos, sensibles y música de mucha calidad. Se llamaba, se llama, Lluis Llach.

0226[1]

Lluis Llach

Como muchos aragoneses parte de mi familia había emigrado en su juventud a Barcelona, yo iba en muchas ocasiones a visitarles y la ciudad prodigiosa era para mí la antesala del paraíso. Ni la lengua ni la cultura catalana me eran ajenas; todo lo contrario, disfrutaba de su proximidad.

Discos como Ara i Aquí, Com un arbre nu, I si canto trist, Viatge a Itaca, Gener del 76, Campanades a mort o El meu amic el mar, giraban en mi tocadiscos, en mi cabeza y entre mis labios constantemente. Gran parte del aceptable catalán que conozco, que entiendo, lo aprendí en los textos de sus canciones que, además de una gran sensibilidad poética, dejaban traslucir un grito de rebeldía y un decidido empuje hacia la lucha por la libertad, por la cultura de su pueblo. La poesía, la música, la belleza, como inocentes armas de combate.

Estos días, Llach, ha sido noticia porque como diputado de Junts pel Si ha expresado a los funcionarios los castigos que les acarreará el no obedecer las normas del nuevo orden catalán.

llach[1]

Lluis Llach

Y he vuelto a ver en él a aquél casposo oficial del ejército leyendo el extracto del código de justicia militar.

Y he vuelto a ver cómo el miedo era enarbolado como arma con la tristeza de que fuera aquél sensible músico, poeta, artista, creador de textos bellísimos, quien lo utilizase.

Qué pena!

2 pensamientos en “EL DIARIO DE MAQROLL: EL MIEDO

  1. Exactamente, me vinieron ala mente los mismos pensamientos , cuando oí la disparatada charla de Llach.
    Me sentí , como cuando algun mayor, te desvelaba el truco del juego de majia que te tenía encandilado´

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s