MAQROLL ESTA VIVO

 

 

La actual organización social es poco dada a fomentar el espíritu libre, la reflexión, la visión crítica o la rebeldía. La gran cruzada ideológica mundial trabaja activamente para construir un mundo lleno de individuos sumisos que sirvan sin rechistar a los fines de unos pocos. En la escuela

ya no se recomienda leer a  Joseph Conrad, nadie quiere imitar a Huckleberry Finn ni el objetivo de los adolescentes es viajar al corazón de las tinieblas. Un mundo seguro, un pensamiento razonablemente hermético, una vida confortable. Y miedo. Miedo a lo conocido y a lo desconocido. Miedo al peligro objetivo, al imaginario, al por si acaso.  Miedo paralizante y castrador.

En medio todo,  el gran despliegue tecnológico que fascina a unos y sirve como instrumento y método de control a otros.

Afortunadamente y a pesar de que en el último párrafo de “Un bel morir”se dió noticia de la muerte de Maqroll

Barco varado en Ushuaia (Tierra de Fuego, Argentina) FOTO: JPB

Barco varado en Ushuaia (Tierra de Fuego, Argentina) FOTO: JPB

El Gaviero yacía encogido al pie del timón, el cuerpo enjuto, reseco como un montón de raíces castigadas por el sol. Sus ojos, muy abiertos, quedaron fijos en esa nada, inmediata y anónima, en donde hallan los muertos el sosiego que les fuera negado durante su errancia cuando vivos.

afirmo que el Gaviero está vivo. Su muerte es una ficción de la que siempre, como de la ceguera de Borges, se dudará.

Maqroll abandonó su barco. Lo dejó varado en cualquier rincón del mundo, carcomido ahora por el óxido, el olvido, la soledad y la tristeza. Desde entonces no ha hecho otra cosa que ver pasar las nubes, soportar esas fiebres malignas que de vez en cuando aparecen, evocar puertos perdidos, recordar el húmedo calor de las selvas, el inmenso azul del mar desde su gavia, las noches  envueltas en estrellas y en  largas conversaciones con Abdul y mirar de vez en cuando el horizonte con la esperanza que Flor, Ilona o Amparo María aparezcan de nuevo, como otro suceso más entre la sorpresa constante de su vida.

Es cierto que está viejo. Plateadas ahora sus sienes y su alma, ha pasado esa barrera en la que más de la mitad del cerebro son recuerdos y aunque odia vigilar el tiempo no puede obviar la angustia que le provoca todo lo que quiere vivir antes de arribar al puerto definitivo.

Sigue terco y obstinado, tierno y salvaje, generoso y cruel, loco y sensato. Nómada, errante, su alma sigue demandando nuevos caminos en la selva, rutas marinas, empresas imposibles, puertos inhóspitos, tabernas sórdidas, amores y pasiones desbordadas. Una  existencia en la que se desconoce, por imprevisible, lo que ocurrirá momentos después. Una forma de vivir en la que hasta la muerte, que en realidad da sentido a la vida, puede ser por desconocida otra experiencia excitante y en ocasiones hasta jubilosa.

Maqroll está fragmentado, incrustado en todo aquél que llena, día a día, su corazón de sueños, a veces imposibles, que mezcla la sensatez con algo de locura, que desafía al miedo, que exprime la vida hasta el último suspiro, que no quiere caer rendido y vacío en el fondo de la nada.

Sigue así, vivo y erguido, oteando el horizonte, en lo más alto de la gavia.

 

 

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