LA DESPEDIDA DE EL PEPE

 

La historia de las civilizaciones está llena de seres anónimos que nacen, crecen, se reproducen y mueren sin pena ni gloria. Biología pura. Es cierto que son, somos, los que sustentamos estegran tejido social, los que con la mínima aportación de nuestra existencia  hacemos avanzar la historia, los que llenamos fábricas y campos, escuelas y hospitales,  los que morimos en las guerras, los que –en definitiva- llevamos a cabo esa tarea de   empujar todo este tinglado y dejar el pellejo en el esfuerzo. Y todo esto, muy frecuentemente, como dicen los versos de Atahualpa Yupanqui “…unos trabajan de trueno y es para otro la llovida…”.

De vez en cuando surgen personas diferentes que van más allá del anonimato y que se muestran como hombres y mujeres necesarios, esenciales, para que el mundo cambie, para que se den esas modificaciones que hacen avanzar la historia hacia la dignidad, la justicia y la solidaridad, valores que frecuentemente se olvidan, se solapan y esconden bajo eufemismos, bajo términos equívocos que sólo tienen por objeto la hegemonía absoluta de unos pocos sobre la mayoría que es reticente a creer en su fuerza poderosa tanto por esa gran capacidad que todo ser humano tiene, como por el número de hombres y mujeres que se agrupan en ese colectivo sojuzgado.

Una de esas personas es el saliente Presidente de Uruguay, José Mújica, “El Pepe”.

Leí alguna referencia y me llegó la reseña de sus palabras colgadas en Youtube. Allí estaba José Mújica en estado puro, en un pequeño discurso en la Reunión del UNASUR en Guayaquil en la que fue homenajeado en su ya despedida de la Presidencia de Uruguay.

Reconozco que hay determinados asuntos que me llegan muy adentro y las palabras de El Pepe me pusieron la piel de gallina y los ojos húmedos. No dice nada nuevo. No habla de nada que no se haya dicho ya cientos, miles, de veces. Pero son las palabras de un político, de un antiguo guerrillero que sufrió cárcel, 15 años, y tortura por defender unos ideales a los que nunca renunció. Un político que demuestra que en ese colectivo tan decepcionante se puede ser honesto. Un hombre que a pesar de sus años, 80, y la cuota de poder alcanzada sigue dando ese testimonio de autenticidad. Su verbo ingenioso, fluido, socarrón  y desenfadado hacen, además, una  delicia el escucharle.

JOSE MUJICA

JOSE MUJICA

Juan José Millás escribió un precioso reportaje sobre la vida de este curioso y atípico Presidente uruguayo.  El Nobel Vargas Llosa opinó favorablemente en otro artículo sobre “…este anciano y simpático estadista que habla con una sinceridad insólita…” sobre su actividad política en la presidencia del país latinoamericano. Dos voces bien autorizadas para refrendar unos valores poco frecuentes en el desastroso mundo actual.

Seguro que José Mújica habrá tenido errores en su gestión. Tanto en su época de guerrillero tupamaro como en su actividad política actual tuvo y tendrá muchos enemigos que no crean ni en él ni en sus criterios. Es impensable decir lo contrario.

Pero eso no puede empañar la lección que da con su vida a la humanidad y dentro de ella a todos los responsables políticos, sobre todo a los que desgraciadamente nos rodean.

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