La asistencia sanitaria pública es, junto con la educación, uno de los tesoros que nuestra sociedad tiene y que estamos obligados a defender como sea de los botarates que quieren destruirlas. Antonio Muñoz Molina escribía recientemente un excelente artículo (Una tragedia americana, El País. 14 de diciembre de 2025) en el que, tras unas consideraciones previas sobre las dificultades de las personas norteamericanas con escasos recursos, aludía a los sistemas sanitarios en EEUU. Tras describir la penosa situación de muchos ciudadanos que no podían pagar un seguro médico en condiciones, seguros privados para los que «…la cura preventiva de una diabetes deja menos margen de beneficio a la aseguradora que una amputación…» o «… la compañía de seguros Anthem Blue Cross Blue Shield se ha hecho célebre por un algoritmo que determina el tiempo máximo de anestesia en una operación que queda cubierto por el seguro…», advierte que en esta era de feroz neoliberalismo tenemos la amenaza de invasión de estas políticas. En las palabras finales segura que « No quiero que en mi país haya gente que sufra y muera para que se enriquezcan más los que ya tienen todo».
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