LA MEMORIA DEL NOMADA: TREN CON DESTINO YAOUNDE

La muerte de Javier Reverte se suma, este aciago año, a la tragedia colectiva que sufre el mundo. Reverte, para los que llevamos el viaje y la literatura circulando por la sangre, era, es,  un referente. El consuelo de su pérdida vendrá de releer sus obras y pensar que allá donde esté seguirá disfrutando de fisgar por los rincones y escudriñar horizontes con su visión lúcida de vagabundo ilustrado.

Presté hace muy poco a un querido amigo «Vagabundo en África», un libro que he leído varias veces y cuyo texto y espíritu me acompañó en varios viajes por el continente africano.

La portada del libro—el perfil de un tren africano y varias personas subiendo y bajando—siempre me recuerda aquél tren en Camerún en el que acompañado de dos amigos escapábamos de una guerra del país vecino, Chad.

JAVIER REVERTE

Fue en el año 2008. Estábamos en la ciudad de Kyabé, en el sur de Chad. Tomás, arquitecto, construía escuelas por las aldeas; Vicente, ingeniero, supervisaba varios proyectos financiados por organizaciones no gubernamentales de Zaragoza, y yo, médico, realizaba labores asistenciales y de formación sanitaria en varios hospitales de la zona.

Ese año, un ejército montado en furgonetas blancas, las típicas pik-up Toyota, llenas de combatientes de una coalición de fuerzas rebeldes acantonadas en la frontera de Chad con Sudán, cruzaron vertiginosamente las pistas arenosas, desbordaron la escasa resistencia de los destacamentos locales de la armada chadiana y en muy poco tiempo se plantaron, casi por sorpresa, en la ciudad de N’Djamena.

No era la primera vez, en otras ocasiones los llamados «rebeldes» habían salido de sus escondites en Sudán y hostigado las zonas cercanas. Pero nunca habían llegado a la capital de la República, sede del gobierno presidido por Idriss Déby Itno al que querían derrocar. Las bases militares francesas, una muy cercana a NDjamena, habían ayudado al ejército de Chad a solucionar con rapidez estos ataques. Chad había sido colonia africana, parte de Africa Ecuatorial Francesa, hasta la independencia en 1960.

SOLDADOS. CHAD.

Sin embargo, en 2008 el gobierno Francés, presidido por Sarkozy, tenía muy malas relaciones con el gobierno chadiano, al parecer por unas declaraciones del presidente Deby a consecuencia del conflicto provocado, con daños colaterales a ciudadanos españoles, por la supuesta ONG francesa «El Arca de Zoe».

Los rebeldes consiguieron llegar a la ciudad y rodearon los cuarteles, el palacio presidencial, bombardearon el aeropuerto internacional, y provocaron daños y destrozos importantes, saqueos y pillaje  en la capital. Por el momento el ejército francés se mantuvo acantonado en sus bases sin hacer absolutamente nada.

Mientras tanto en Kyabé seguíamos con nuestros trabajos escuchando por radio la evolución del conflicto.

Pasaron unos días y la situación se fue complicando. El personal de las ONG’s que trabajaban en la zona fue evacuado y comenzaron a ser dificultosas las comunicaciones. Por radio se hablaba de que se desconocía la situación del presidente y el equilibrio bélico favorecía a los rebeldes.

Se acercaba el día previsto para nuestra marcha de Chad, teníamos pasajes aéreos con Air France con salida desde NDjamena pero el aeropuerto estaba cerrado, impracticable y era imposible acceder a la ciudad y su entorno por los combates.

Comunicamos con España, nos dijeron que el Ministerio de Exteriores y la Secretaria de Cooperación, entonces la Sra Leyre Pajín, conocía nuestra situación; nos enviarían instrucciones. Éstas nunca llegaron por lo que tomamos la iniciativa. Estudiando las posibles salidas decidimos intentar el paso por uno de los puestos fronterizos con Camerún situados en el sur de Chad y conseguimos que Air France cambiase nuestros billetes de salida localizándolos en Yaoundé.

En Chad no existía Embajada de España y contactamos con la sede de Camerún. Les enviamos nuestro plan de viaje y nos aseguraron que en el paso elegido, Bogdibo, tendrían preparados los visados de entrada.

El problema bélico, esos días, se centraba en N’Djamena, pero el peligro se extendía por todo Chad ya que grupos de desertores de ambos ejércitos, huían de los combates, recorriendo las pistas, cargados de alcohol y drogas, a sangre y fuego. Con un coche y un conductor—Azra—de una entidad oficial (BELACQ), llenos de cartelitos «Mission Sanitaire» salimos, cruzando los dedos, hacia la frontera. Los controles militares por los que fuimos pasando fueron escasos y sin incidencia alguna y tras dos días de viaje, llegamos al puesto fronterizo.

TRAYECTO POR PISTA EN CHAD
AZRA, NUESTRO CONDUCTOR

La frontera de Chad era un pequeño poblado de chozas de paredes de barro y techos de paja con distribución anárquica a ambos lados de la carretera. Un bidón de combustible, en el que se apoyaban dos troncos de árbol que, a su vez, caían a ambos lados de la calzada, era la única barrera que cerraba el paso. En un lateral había un mástil con la bandera del país y en su base dos soldados dormitaban apoyados en el terraplén.

El edificio oficial de la frontera era una caseta cuadrada de paredes de tablas, con techo de hojas de palma y paja. Curiosamente, ocurrió en todos los controles, nos preguntaban las profesiones y siempre fue el médico el designado como responsable para parlamentar.

CONTROL MILITAR. CHAD

El oficial al mando en la frontera de Chad tenía auténticos problemas para entender nuestra situación. Yo le explicaba por activa y pasiva, acompañado por Azra, la situación. El hombre se enrocaba en el «No tienen visado para entrar en Camerún». Mientras que yo le insistía que los visados estaban en el otro lado, en poder de los soldados de Camerún.

Después de mucho tiempo llegamos a un pacto final: uno de nosotros—el médico—pasaría con un soldado hasta el edificio de la frontera de Camerún, a un kilómetro de distancia, mis compañeros permanecerían en la frontera de Chad. Si todo estaba correcto, si como esperábamos los documentos de la embajada estaban en poder de los militares de Camerún, nos permitirían salir de Chad.

Pero el soldado camerunés negaba el paso. «Aquí no hay ningún documento, ni ha habido ninguna llamada de la Embajada Española» aseguraba. La negociación no progresaba hasta que, tras mi insistencia, llamó al jefe del puesto. Apareció un hombre pequeño, con cara avispada, vestido con unos pantalones de camuflaje, sandalias y un anorak de colores chillones. Le expliqué, era la enésima vez, la situación, le enseñé los billetes electrónicos del vuelo de Yaoundé y sonriendo me dijo que no había problema «pas de problème docteur».

Con mi soldado de «compañía» volvimos a la frontera chadiana en donde el oficial selló nuestros pasaportes y nos pidió una propina «por las molestias».

Ya en Camerún, el policía de anorak colorido nos dijo que nos iba a hacer un visado de corta estancia «que nos costaría menos, la mitad, que el normal» y siguió asegurando que no había ninguna noticia de nuestra Embajada. El coste fue de 7.500 francos CFA por cada uno de los «visados» Desde el principio sabíamos que aquello era irregular y fraudulento pero había que salir de allí como fuera hasta la ciudad de Ngaunderé, en donde teníamos previsto tomar un tren nocturno hasta Yaoundé.

La frontera estaba en medio de la nada, necesitábamos llegar al primer pueblo, Tourbou, que estaba a 30 km de distancia. Preguntamos a los militares dónde podíamos conseguir un vehículo Para nuestra sorpresa el jefe del puesto nos dijo que allí había un taxi, su coche, y él como conductor. Quedó el viaje, tras un buen regateo en 30.000 francos CFA.

De Tourbou sólo podíamos llegar a Ngaunderé por un bus destartalado que salía muy tarde, no llegábamos a tiempo, o alquilando de nuevo un coche. El policía, antes de marcharse, habló con una serie de personas y apareció un individuo que podía llevarnos. Se abrió una larga e intensa negociación sobre el importe; en ese pueblo fue el acontecimiento del día; unas veinte personas nos rodeaban mientras Vicente regateaba el precio con un joven que pedía una cantidad desorbitada. Al final se cerró el trato en 50.000 francos CFA. Mientras el conductor fue a por el coche, dos personas nos pedían su parte; habían intervenido, decían, en la negociación y tenían derecho a una propina. Con 5.000 francos CFA se quedaron tranquilos.

TOURBOU. ECHANDO GASOLINA AL COCHE ALQUILADO

 Después de varios intentos infructuosos  conseguimos contactar con la Embajada Española. Ante nuestra queja por la falta de los visados prometidos nos aseguraron que en la frontera nos habían engañado, una treta para conseguir dinero. Prometieron esperarnos a la llegada del tren en Yaoundé.

 Apareció el coche, un Toyota en  un estado aceptable, con las ruedas sin apenas dibujo. Hubo que comprar gasolina, un bidón de plástico amarillo que en origen había sido el envase de aceite de maíz y lleno de combustible que llegó al depósito por medio de un embudo fabricado con una botella de agua mineral. Por fin salimos hacia Ngaunderé.

 Comenzaron los controles militares en las carreteras, más abundantes y molestos que en Chad. Generalmente con unos billetes en los pasaportes se facilitaba el paso sin problemas. Pero en uno de ellos dijeron que el sello de la frontera no era un visado. Hubo una larga conversación explicando las causas de la precipitada salida de Chad, el Convenio de Ginebra sobre trabajadores humanitarios…al final nos dejaron pasar. 

A unos 70 km de nuestro destino nos detuvieron en un nuevo control. Cuatro soldados, uno muy alto, rodearon el vehículo apuntándonos con los Kalashnikov. El médico, una vez más, tuvo que salir a parlamentar. «Esto no es un visado —ya lo sabía, pensé—, quedan detenidos por entrada ilegal en Cameroun».

Estábamos calculando cuánto dinero quedaba para intentar pagar nuestra libertad cuando a Tomás, que vivía en Palma de Mallorca, se le ocurrió la jugada maestra.

Eto’o, famosísimo futbolista camerunés, era una especie de dios vivo para ellos. Ese mismo día, el 10 de febrero de 2008 se jugaba la final de la Copa de Africa entre Egipto y Camerún. Jugaba Samuel Eto’o en la selección de su país y todo el mundo conocía al dedillo los detalles de su vida, su paso por equipos españoles que comenzaron en Mallorca.

Ver las imágenes de origen
SAMUEL ETO’O

La apuesta de Tomás fue decir que era amigo de Samuel Eto’o, indicando que en su pasaporte ponía que residía en Palma de Mallorca. Miraron atónitos la dirección escrita en el pasaporte, lo pasaron de unos a otros con cara de sorpresa y cambiaron radicalmente de actitud. Como amigos del ilustre futbolista desaparecieron los problemas. Les dejamos unos francos para que tomaran unas cervezas.

En la estación de ferrocarril de Ngaunderé, compramos un departamento de 4 literas y en unas horas nos encontramos ya tranquilos esperando que el largo tren saliera de la estación. Estaba cayendo el sol, viajaríamos de noche y a primera hora de la mañana, llegaríamos a Yaounde.

ESTACION DE NGAUNDERÉ. DESTINOS Y PRECIOS.

Asomados en la ventana del vagón disfrutábamos del  paisaje, del trajín colorido de personas y mercancías por el andén. Notamos algún gesto de hostilidad, alguien nos explicó que las personas blancas eran identificadas, de entrada, con franceses, no demasiado bien vistos como antiguos colonizadores.

A la hora prevista el tren comenzó a moverse, un trayecto largo que duraría 14 horas, parando en muchas estaciones. En cada una de ellas aparecía una multitud de vendedores de comida, de frutas, bebidas, objetos. Un empleado nos ofreció la cena del tren, arroz y pescado que devoramos con apetito: en toda la intensidad del día no habíamos comido otra cosa que unos cacahuetes. Tendidos en las literas disfrutamos del descanso, del suave balanceo en ese lento tren que después de lo vivido era una delicia. Los pasajeros escuchaban por radio la trasmisión del partido final de la copa africana, Egipto contra Camerún. Al final ganó Egipto y Samuel Eto’o, el amigo de Tomás, fue el máximo goleador del torneo.

Amaneció, a las 5 de la mañana. Entraba una brisa fresca y húmeda por la ventana, estábamos atravesando una selva bellísima. Grandes árboles, palmeras, un mar vegetal denso, verde, fascinante. Seguían las pequeñas estaciones, la descarga de mercancías, las vendedoras deambulando por los andenes con cestas en sus cabezas.

A las 8 de la mañana el tren disminuyó su escasa velocidad. Aparecieron las colinas de Yaoundé llenas  de edificios tapizando sus laderas. En las inmediaciones de la vía férrea aparecieron los arrabales de la ciudad: un gran suburbio de chabolas, un vertedero de basura, riachuelos de aguas negras en las que flotan botellas de plástico y picotean las gallinas, niños desnudos, adultos impasibles como zombies; la miseria urbana africana.

En el andén nos encontramos con la Canciller de la Embajada Española. Por la noche el Cónsul, nos acompañó hasta la misma pista de despegue del vuelo de Air France. Su identificación diplomática nos libró del último trastorno, el policía de la frontera nos impedía el paso, decía que no teníamos visado.

EPILOGO

         Cuando la batalla de N’Djamena parecía perdida para el ejército de Chad, el gobierno estaba a punto de ser derrocado, aparecieron por sorpresa las fuerzas francesas que pusieron en fuga a los rebeldes. Según dicen Idriss Déby Itno llamó por teléfono a Sarkozy, le pidió disculpas por antiguas rencillas y le hizo alguna que otra promesa.

         Tiempo después y tras años de enfrentamientos,  se firmó un tratado de paz entre Chad y la Coalición de Fuerzas Rebeldes que ha sido respetado hasta hoy.

© CHUAN ORUS 2020

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