¿TOILET, PLEASE?

Paso la mañana en Huesca. Final de enero, sol tibio muy agradable y el cielo intensamente azul. Guara nevado en el fondo del paisaje.

He venido de acompañante y no tengo otra obligación que ver  una exposición de fotografía, Geografías del Viaje, en la sede de la Diputación Provincial.

No la puedo ver, el horario es de 18 a 21 horas. Mal.

Cambio la exposición por  un largo  y sano paseo por esta pequeña ciudad llena de encanto y de historia. Perder el tiempo (el término correcto sería “ganar”) por las calles estrechas del casco histórico que se extienden como radios y tejen una retícula desde la plaza de la bella catedral y el ayuntamiento en lo más alto. Todavía resisten, cada vez menos, los pequeños comercios artesanos, los hornos en los que adquirir los deliciosos empanadicos y otras laminerías, las carnicerías llenas de embutidos peculiares, tiendas emblemáticas como La Confianza que muchas veces ha sido protagonista de documentales en televisión.

Todavía es pronto y antes de lanzarme a ese paseo compro el periódico en el quiosco del Coso, soy un viejo dinosaurio que todavía lee prensa en papel, y me voy al Casino, en la Plaza de Zaragoza, en donde me coloco en una amplia mesa junto a un café con leche. Sala grande de techos altos, columnas, madera, mesas amplias, sofás, el sol entrando por grandes ventanales. Personas en número suficiente para no sentirse solo pero sin ningún tipo de agobio. Muy bien.

Antes de marchar a la calle paso, obligado, por el baño. Son las 11 de la mañana.

El habitáculo del aseo masculino es pequeño, estrecho. Lo justo para la taza del inodoro y un pequeño lavabo. Hay, de momento, papel higiénico y un secador de manos de aire caliente.

El suelo está lleno de gotas, de pequeños charquitos; también el círculo blanco del asiento está mojado. Mis congéneres, en su mayoría, no saben acertar en la más que amplia diana, o son terriblemente descuidados. Y bastante cochinos: el último no ha utilizado la cisterna, aquello de “tirar de la cadena”, y una buena colección de líquido amarillo ocupa el interior. Por no hacer una falsa afirmación, ¿estará averiado?, y por mi propia exigencia personal activo el mecanismo de vaciado y compruebo que funciona perfectamente. Imagino, esto suele ser bastante exacto, que en sus casas harán lo mismo. Pues…

Además, no encuentro una percha en la que dejar mi chaqueta ni una repisa donde colocar el periódico; tengo que hacer un cierto equilibrio para culminar con éxito y limpieza lo que me ha llevado allí.

Salgo pensando que esto es el Casino, un bello y elegante edificio de larga e ilustre historia.

Cruzo el parque Miguel Servet y deliberadamente bajo el ritmo de mis pasos para disfrutar del paseo entre árboles, arbustos y fuentes bajo el sol. Las Pajaritas de Ramón Acín, aquel artista oscense de corta (fue fusilado a los 47 años, en agosto de 1936) e intensa biografía, me saludan desde su pedestal en su labor de símbolo de la ciudad y recuerdo de la brutalidad de los criminales.

RAMON ACIN

RAMON ACIN

Antes de salir del parque, en uno de sus rincones, veo a un anciano orinando frente a un árbol relativamente escondido. Pienso en las servidumbres de la edad y me pregunto si en Huesca existían urinarios públicos. Luego me entero, lo pregunto, que había unos “los de San Lorenzo” que desaparecieron. En Zaragoza había varios; eran famosos los de la Plaza de José Antonio, ahora Plaza de los Sitios. Buena parte de su fama se derivaba de ser un punto de reunión nocturna de homosexuales en los duros años del franquismo. Tal era así que una de las diversiones de los  intolerantes violentos era la caza de estas personas para agredirles.

Tristes historias que hoy, todavía, no están totalmente superadas.

Entre el anciano y el baño del Casino mi mente se marcha hacia imágenes archivadas en mi cabeza que  acompañan  mi paseo.

PAJARITAS HUESCA

PAJARITAS HUESCA

Los seres vivos tenemos varias características comunes; una de ellas es el resultado universal del metabolismo: ingerimos,  procesamos y desechamos. La orina y las heces son las expresiones externas más evidentes de los residuos que generamos.

En las comunidades sociales combinar salud e higiene con estas necesidades fisiológicas son uno de los ejes fundamentales de su sana supervivencia. Nunca he logrado comprender la involución de nuestro país, que pasó de la higiene comunitaria  de las cloacas romanas al “¡agua va!” de la oscura Edad Media. Así nos fue.

He agotado pasaportes recorriendo decenas de países. En todos ellos, diariamente, he tenido que utilizar algún tipo de aseo. Sí, algún tipo, porque hay tantas instalaciones como diferencias culturales, tradicionales y económicas.

De lo que conozco, Japón se lleva el premio a la limpieza, a la tecnología y al sentimiento comunitario del concepto de higiene.

INODORO JAPON

ASEO EN JAPON

CONTROLES DE FUNCIONES DEL INODORO, JAPO

CONTROLES DE FUNCIONES DEL INODORO, JAPON

cof

CONTROLES DE LAS FUNCIONES DEL INODORO, JAPON

Los Inodoros japoneses son máquinas sofisticadas, perfectas, que poseen sistemas de lavado con chorritos de agua caliente o fría, en varias direcciones, a mayor o menos presión — son regulables— y corriente de aire secadora “in situ”. Tienen también una función de música ambiental, regulable en su volumen, para atenuar los ruidos que la fisiología produce en el que ocupa la instalación. Más sofisticación, imposible. Yo los he utilizado tanto en los hoteles excelente calidad como en pequeñas tascas del Tokio profundo. Su presencia es generalizada.

Sobre la cisterna, un pequeño lavabo permite limpiar las manos y el agua residual cae en el depósito del inodoro, no se desperdicia. El suelo, inmaculado.

En los lugares en las que los aseos se componen de varias instalaciones (áreas de servicio en carreteras, almacenes, hoteles…) suele haber a la entrada  un mapa de los baños que informa del tipo, sus características específicas, con un indicador iluminado que informa si están o no ocupados.

PANEL DESCRIPTIVO Y FUNCIONAL, JAPON

PANEL DESCRIPTIVO Y FUNCIONAL, JAPON

Sin embargo en muchos países de Oriente,  Africa y América Latina mi experiencia ha sido la contraria.

En Uzbekistán tuvimos que utilizar una especie de caseta nauseabunda, de olor fétido, que tenía un agujero en el suelo sobre el que había que hacer equilibrio teniendo todas las pertenencias en las manos porque el suelo era infecto y, por supuesto, no había ningún tipo de percha o repisa para colocar las ropas u objetos. Una compañera en este viaje tuvo la desgracia de ver cómo sus gafas caían por la tronera. Armándose de valor metió la mano y las recuperó…las gafas eran muy valiosas.

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UZBEKISTAN

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UZBEKISTAN

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UZBEKISTAN DETALLE

Vietnam, Camboya, Myammar, Jordania, Siria, Egipto, India, Marruecos, Etiopía…en todos estos y en otros más, situaciones muy parecidas.

LAGO INLE, MYANMAR. LA CONSTRUCCION ADOSADA A LA CASA ES EL ASEO. LOS DESECHOS CAEN DIRECTAMENTE AL AGUA DEL LAGO.

MYAMMAR, LAGO INLE. LA CONSTRUCCION ADOSADA A LA CASA ES EL ASEO. LOS PRODUCTOS DE DESECHO CAEN DIRECTAMENTE AL  LAGO.

El “baño turco” es lo común por estos lugares y las mujeres lo tienen fatal: a la mayor o menor limpieza del entorno hay que sumar la túnica, el odioso burka,  los objetos que lleven en las manos y otra serie de eventualidades fáciles de suponer.

Si añadimos que por allí es muy frecuente la diarrea del viajero o las infecciones intestinales afectando a los occidentales al llegar a estos lugares, lo que hace que las visitas a los baños se multipliquen, las situaciones que se producen son de una incomodidad inmensa.

Podría suponerse que al menos,  en los centros sanitarios, se cuida más la higiene comunitaria de los aseos. Pero lo que he vivido en determinados lugares es muy diferente.

En varios hospitales de la República del Chad, (Moissalá, Sarh, Kyabé), existían unas letrinas: casetas de mampostería con un agujero en el suelo, el habitual “baño turco”, pero estaban tan repugnantes por falta de limpieza y mantenimiento que los pacientes y sus familiares preferían realizar sus necesidades fisiológicas en el gran patio del hospital, convertido así en un gran baño público al aire libre.

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CARTEL PROHIBIENDO ORINAR EN PATIO DE HOSPITAL DE MOISSALA, CHAD

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INSTRUCCIONES PARA UTILIZAR LAS LETRINAS. HOSPITAL DE SARH. CHAD

LESTRINAS HOSPITAL DE KYABE, CHAD

LETRINAS HOSPITAL DE KYABE, CHAD

 

El campo abierto es la solución para personas que  no disponen de otros medios. Al viajar al principio de la mañana por la India rural se puede ver a muchas personas por los campos que rodean el poblado. Aseo al aire libre.

ASEOS CALLEJEROS, JAIPUR, INDIA

ASEOS CALLEJEROS, JAIPUR, INDIA

ASEOS CALLEJEROS, JAIPUR, INDIA

ASEOS CALLEJEROS, JAIPUR, INDIA

Hace muchos años que la OMS diseñó para las pequeñas comunidades de países en desarrollo una letrina específica,  como método higiénico que posibilite cubrir las necesidades de los habitantes minimizando el impacto sobre la contaminación de aguas y trasmisión de enfermedades.

 

Porque la calidad del agua sanitaria va paralela al correcto tratamiento de los residuos. No es fácil encontrar, si no es en buena parte de Europa, lugares en los que sea posible beber directamente el agua del grifo del lavabo sin atrapar una buena diarrea o algo peor. Los sistemas de saneamiento ambiental son deficientes y la red de agua corriente, cuando existe, suele estar contaminada. El agua de pozos, en muchos lugares la única, si no se obtiene a mucha profundidad, suele estar contaminada por filtraciones a la capa freática desde las fosas sépticas construidas sin los requerimientos necesarios para impedir filtraciones.

E incluso en Europa hay lugares en los que, ya no lo que encuentro en el Casino sino muchísimo peor, se echa de menos el cuarto de baño personal porque, como en muchas otras cosas, como en casa en ningún sitio.

Salgo de Huesca con la sensación de haber disfrutado una mañana preciosa. Paro a cargar combustible en una estación de servicio. Mientras se llena el depósito voy al baño…ufffff.

© Chuan Orús 2020

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